J. Germán Vera Esquivel
Cónsul General del Perú en Cuenca
Como se conoce la Carta Democrática Interamericana (CDI) fue adoptada en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001. Aunque fue negociada en el seno de la Organización de los Estados Americanos (OEA) tuvo, en su origen, una importante participación de la diplomacia peruana y de otras diplomacias latinoamericanas como las del Ecuador y del Canadá.
La Carta es una muestra de la arquitectura jurídico, política y constitucional de las Américas.
Si bien es cierto la Carta no es un tratado internacional si incorpora un derecho fundamental el denominado “derecho a la democracia”. Así, en su artículo 1, la Carta señala que “los pueblos de América tienen derecho a la democracia”. En este punto, es importante señalar que cuando la CDI habla de “democracia”, en realidad, se refiere a la “democracia representativa”.
En mi libro La Reforma de la Carta Democrática Interamericana (Grijley, 2024) señaló que aunque ello no este mencionado en la CDI, la democracia representativa requiere para su existencia una economía de libre mercado. En mi opinión son consustanciales.
Veinticinco años después de la adopción de la Carta, nuestra región enfrenta otras amenazas como las del crimen organizado transnacional que no reconoce fronteras y que afecta a nuestras economías. Este tipo de amenazas ponen a prueba la fortaleza de la CDI pues requiere que los gobiernos de la región deban balancear los temas de seguridad con los propiamente democráticos.
Por supuesto, también existen otras amenazas a la democracia como la que ocurre actualmente en algunos países de la región, que no son parte de la OEA, y donde se pretende prohibir las elecciones lo cual colisiona directamente con el principio democrático que prescribe la necesaria celebración periódica de elecciones seguras, ordenadas y transparentes.
No hay que olvidar que aún continua el debate entre aprobar un sistema de sanciones en la CDI (para aquellos países miembros de la OEA que no respeten los principios democráticos) o el mecanismo de incentivos económicos que permitiría que los países de la región que tengan mejores indicadores democráticos puedan recibir mayor cooperación económica internacional.
Sin embargo, la actual configuración política de la región impide la reforma de la Carta por lo que solo queda buscar fortalecerla desde la OEA y desde los estados miembros de esta organización.
Cuando la Carta cumplió sus 20 años, la OEA celebró este aniversario con la publicación de un libro sobre los principios de la Carta Democrática Interamericana para niñas y niños que explicaban temas como elecciones, derecho al voto libre, libertad de expresión, entre otros asuntos.
Conmemoremos los 25 años de la Carta Democrática considerándola como una legítima aspiración que sigue manteniendo su fortaleza pero que requiere un trabajo diario y permanente de los líderes de la región.









