Cuatro testimonios reconstruyen cómo se vivió el día de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos desde Cuenca, Loja y Girón.
A las siete de la mañana, Elena Peláez llegó a la Fundación Serrano, en la avenida Solano, porque su hija iba a ser operada de las adenoides. En la sala de espera vio en la televisión que un avión había impactado contra un edificio.
No entendía qué ocurría, preguntó a quienes estaban allí y le dijeron que las imágenes eran en vivo, desde Estados Unidos. Cuando llevaron a su hija al quirófano, se quedó frente al televisor.
“Fue horrible porque mostraron personas saltando por las ventanas de las Torres Gemelas”, recuerda. La escena fue tan difícil de comprender que por momentos pensó que podía tratarse de una película. Aunque no tenía familiares en Estados Unidos, pensaba en sus vecinos, muchos con familiares que trabajaban en Nueva York.

En Girón, previo al inicio de clases
Aquel 11 de septiembre Karen Quezada vivía en el cantón Girón junto a sus padres. Había salido temprano a tomarse fotografías para su carné estudiantil. Al regresar encontró a toda su familia reunida frente al televisor. “Con las fotos de carné en mis manos recuerdo mirar la televisión junto a mi familia, todos estaban asustados”, cuenta.
Era una niña y no comprendía la magnitud del suceso, pero recuerda que los vecinos también se reunían para hablar de lo ocurrido.
Con los años entendió que el atentado también cambió la percepción sobre la gente de Medio Oriente. El impacto de ver a Estados Unidos como víctima de un ataque que parecía imposible hizo que la noticia permaneciera durante días y meses.

De vacaciones, en Loja
Byron González estaba de vacaciones con sus hermanos en Loja, en casa de sus tíos, cuando les avisaron que encendieran la televisión. Les dijeron que una ciudad de Estados Unidos había sido atacada y que había empezado la tercera guerra mundial.
La familia permaneció frente al televisor, sorprendida y sin comprender bien lo ocurrido. Después supieron que se trataba de un ataque terrorista, aunque inicialmente no se sabía quién estaba detrás.
Las noticias continuaron durante semanas: los rescates, las muertes y las imágenes de Bin Laden. Byron recuerda que después del atentado aumentó la seguridad en los aeropuertos.
El 11 de septiembre de 2001 llegó a los hogares ecuatorianos a través de la televisión y se convirtió en un recuerdo que permanece hasta hoy. (I)

Sentimientos a la distancia
El 11 de septiembre de 2001, la incertidumbre se apoderó de Ecuador. Las imágenes de los atentados en las Torres Gemelas de Nueva York llegaron en tiempo real a las pantallas del país, desatando una oleada de angustia.
Para miles de familias ecuatorianas, la tragedia no se percibía como un hecho distante, sino como un acontecimiento cercano debido a la numerosa comunidad migrante radicada en la urbe estadounidense.
En Cuenca, Tatiana Serrano recuerda la conmoción de aquella mañana. “Estaba por salir de casa cuando mi mamá me llamó a la sala. Vimos la televisión sin comprender del todo lo que pasaba.
Lo primero que sentimos fue miedo, porque varios familiares vivían allá. Intentamos llamar por teléfono inmediatamente, pero las líneas telefónicas colapsaron por completo durante horas”.
El impacto económico y social en Ecuador no se hizo esperar. El espacio aéreo internacional se congeló y las remesas de las que dependían miles de hogares sufrieron interrupciones temporales.
La tensión nacional se mantuvo elevada mientras los consulados y cancillerías intentaban certificar la seguridad de los compatriotas en territorio norteamericano.
“En la ciudad el ambiente era de luto implícito. Las personas se pegaban de manera increíble en las vitrinas de los locales de electrodomésticos para seguir las noticias en vivo.
Fue una jornada donde el país entero estuvo pendiente de la tele, esperando una confirmación de vida desde el exterior”, añade Serrano.
El hecho reconfiguró las políticas migratorias y de seguridad global. En Ecuador, la jornada quedó grabada en la memoria colectiva no solo como una crisis internacional, sino como un evento que afectó profundamente la parte social y humana de miles de familias que tenían a sus seres queridos al otro lado del continente. (I)
Claves del impacto del 9-11 en Ecuador
- Colapso en las comunicaciones: La ola de pánico se intensificó al bloquearse por completo las líneas telefónicas internacionales durante horas, impidiendo a las familias comunicarse con sus allegados en Nueva York.
- Angustia por la comunidad migrante: La tragedia no se percibió como un hecho distante, sino como una crisis propia debido a la enorme cantidad de ecuatorianos radicados en la urbe estadounidense.
- Afectación económica inmediata: El atentado provocó el congelamiento del espacio aéreo internacional y generó interrupciones temporales en el flujo de remesas de las que dependían miles de hogares.
- Vuelco en la seguridad aeroportuaria: El ataque terrorista reconfiguró de forma permanente las políticas migratorias y de control en los aeropuertos a nivel nacional y global.
- Cambio de percepción geopolítica: El impacto de ver a Estados Unidos como víctima redefinió en la sociedad la visión sobre Medio Oriente y la seguridad internacional.
- Parálisis y conmoción colectiva: Se vivió un ambiente de luto implícito en las ciudades, donde la gente se aglomeraba masivamente ante las vitrinas de locales comerciales buscando televisores que transmitan la noticia en vivo.












