La sentencia de Abdalá

La partidocracia de ese tiempo conformada por la ID, DP, FRA, MPD, PSE y PRE neutralizaron a Febres Cordero y concedieron la amnistía a Abdalá Bucaram. Era 1988 y las elecciones contra Rodrigo Borja la perdió en la segunda vuelta. Su destino marcado por los conflictos y los enfrentamientos con la justicia, provocaron que pocas semanas después se reactive el caso “cascajo” y tal como hizo en 1984, fugue nuevamente a Panamá.

Los recursos económicos de Abdalá tenían un olorcito a desprestigio u origen tránsfugo; por eso su campaña de la “Fuerza de los Pobres” de 1992 fue millonaria teniendo como financistas a muchos amigos cercanos al manejo de las bahías. Su tercer lugar en las elecciones presidenciales frente a los finalistas Sixto Durán y Jaime Nobot le dejaban preparadito para las de 1996 en las cuales llegó primero, dando inicio a una de las tragedias económicas, financieras y morales más recordadas que vivió el Ecuador por 6 meses, hasta cuando volvió a Panamá defenestrado por la misma partidocracia que le apoyó cuando le convino, sumado a un inmenso fervor popular ansioso por su salida inmediata de Carondelet.

De su especial larga parada en Panamá, se han tejido muchos relatos, desde aquel de ubicarle al “loco” como un personaje muy conocido y hasta querido en las zonas panameñas populares, inclusive posicionado como un hombre generoso y divertido. El decía que su manutención la financiaban sus “verdaderos” amigos, y que la famosa acusación de malversación de fondos de 1987 era otro capítulo doloroso de una eterna persecución política hacia él, siendo necesario esperar hasta 2017 a que prescriba el delito.

Su regreso al Ecuador y su participación en la vida política fue más bien discreta. Su figura se prestaba para jugar con el populismo penal. Fue acusado por presunto tráfico de armas, adquisiciones dudosas de bienes cachivacheros de patrimonio cultural y demás escándalos de poca monta, de los cuales más bien salió bien parado.

Sin embargo, el apego a andar al filo de la navaja le hicieron participar con su hijo Jacobito en este entramado del escándalo de las pruebas COVID cuyo origen se remonta al fatídico 2020. Y entre pedidos de la Fiscalía a que sea condenado, cortes de luz en el local donde debía realizarse la audiencia, pedidos de habeas corpus, y llamamientos por 6 ocasiones a que Abdalá escuche la sentencia por participación en este entramado, finalmente luego de un espectáculo de ingresos a “cuidados intensivos” en la clínica Borja por supuestas afecciones coronarias, fue sentenciado a nueve años y cuatro meses de cárcel como colaborador del delito de delincuencia organizada en el caso “Pruebas Covid-19”.

A sus 74 años, esta vida de trajines, escapatorias, manejo de relaciones dudosas con la justicia, complicidades, relación con abogados que se prestan al ridículo de interponer acciones jurídicas deleznables, la sentencia a Abdalá Bucaram limpia de alguna manera el rostro de una alicaída y cuestionada justicia. Faltan muchas fichitas más en la espera de ser ajusticiados; ojalá sea pronto. (O)

Econ. Gerardo Maldonado

Econ. Gerardo Maldonado

Economista, abogado. Posgrado en Finanzas y Proyectos INCAE Bussiness School. Máster en Administración en Tecnológico de Monterrey. Master en Derecho de Empresas Universidad Andina Simón Bolívar. Poeta y escritor.