Antes de convertirse en el papa León XIV, Robert Prevost era para los trabajadores del Trébol Restaurante un cliente habitual. Llegaba a Chiclayo como obispo, caminaba hasta este restaurante ubicado frente a la Catedral y ocupaba su mesa de siempre, sin imaginar que algún día ese lugar terminaría convertido en uno de los puntos más buscados por visitantes de distintas partes. Diario El Mercurio visitó esta llamativo sitio.
Hoy, la historia es diferente. La mesa número tres, aquella que Prevost prefería cuando acudía solo, es conocida como la “Mesa Bendita”. Allí desayunaba, almorzaba y compartía con otros sacerdotes. A pocos metros de la Catedral de la Ciudad de la Amistad, el espacio conserva fotografías y recuerdos de quien ahora ocupa la máxima representación de la Iglesia católica.
Lucy García, trabajadora de este restaurante, recuerda que Prevost llegaba con la naturalidad de cualquier cliente.
“Es un gusto haberlo conocido, atenderlo y ubicarlo”, cuenta mientras señala la mesa que se ha convertido en el principal atractivo del restaurante.
Para el desayuno tenía un pedido casi seguro, el frito chiclayano, uno de los platos tradicionales de la gastronomía norteña. También podía acompañarlo con jugo de papaya o naranja. Para el almuerzo, en cambio, aparecía otro de sus favoritos, el cabrito.
“Él no dejaba de comer su frito chiclayano”, recuerda García.

El restaurante está ubicado frente a la Catedral de Chiclayo, un lugar que formaba parte de la rutina de Prevost durante sus años en la ciudad. La mesa le permitía observar directamente el templo y se convirtió en su sitio habitual. Cuando acudía acompañado por otros sacerdotes, utilizaban también el espacio cercano al retrato que hoy recuerda aquellas visitas.
Pero para los trabajadores de El Trébol hay algo más importante que los platos que pedía, la manera en que llegaba.
“Así como me ves, con esa sonrisa, cariñoso”, recuerda Lucy. “Padrecito, ¿cómo estás? Bienvenido”.
Ese trato cotidiano tomó otra dimensión el 8 de mayo de 2025. Mientras Prevost estaba en Roma y el mundo seguía la elección del nuevo pontífice, en Chiclayo los trabajadores de El Trébol descubrieron que aquel hombre que durante años había llegado a desayunar y almorzar con ellos era ahora el papa León XIV.
“Yo estaba en mi casa y me llamó mi jefe. Me dijo: ‘Lucy, ¿tú le conoces?’. Yo estaba mirando la noticia”, relata.
Desde ese momento, la mesa dejó de ser solamente un lugar de recuerdos. Se convirtió en una parada para quienes llegan a Chiclayo y quieren conocer una parte de la vida cotidiana del Papa antes de su elección. Reportes locales señalan que el restaurante experimentó un fuerte aumento de visitantes y que la mesa número tres se convirtió en la más solicitada.
Ahora existe una nueva expectativa
León XIV regresará a Chiclayo el viernes 13 de noviembre, como parte de su viaje apostólico por Perú. Ese día presidirá una misa en las Pampas de Pimentel y cumplirá una agenda pastoral en la ciudad. El sábado 14 participará en la coronación de la Virgen Inmaculada en la Catedral de Chiclayo.

En El Trébol, mientras tanto, la esperanza es que vuelva a cruzar la puerta.
La mesa ya está reservada desde hace meses, según cuenta García. La expectativa es tal que las reservas se acumulan para quienes quieren sentarse en el mismo lugar que ocupaba Prevost.
“Tenemos esta mesa reservada ya desde hace como tres meses”, cuenta.
La idea de los trabajadores es sencilla, que León XIV pueda volver, aunque sea por unos minutos, a ese lugar donde durante años fue simplemente un cliente.
“Queremos realmente que nos visite. Ojalá Dios que tome su corazoncito. Estamos con eso para que pueda venir y tomar su desayuno o comer algo, su plato favorito”, dice García.
El restaurante conserva hoy aquella mesa como un pedazo de la historia reciente de Chiclayo. Allí no recuerdan al Papa únicamente por su cargo. Lo recuerdan por su sonrisa, por sus conversaciones, por sus visitas frecuentes y por los platos que pedía.
En noviembre, León XIV volverá a la ciudad que durante años consideró su casa. Y en El Trébol esperan que, entre una agenda oficial y otra, pueda regresar también a la mesa donde alguna vez se sentó como uno más.

La historia de León XIV también llegó a la carta. El restaurante chiclayano incorporó nombres vinculados con la tradición religiosa y con Chiclayo para bautizar algunos de sus platos: “Nuestra ofrenda”, “El Milagro del Limón”, “Chiclayo, tierra bendita”, “El Banquete del Señor”, “Bendito Mar” y “La Gloria en tu Mesa”. (D)
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