Tema recurrente es la crisis social y el conflicto permanente que erosiona las instituciones de nuestro país y región, afectando la convivencia justa y pacífica en una realidad que demuestra la anomia ética y hasta la carencia de sentido común. El respeto a los valores y principios sociales de convivencia que orientan la conducta humana, son la premisa de la paz y creatividad social, pues la conducta humana se regula por la conciencia social del deber cumplido y la fortaleza de leyes e instituciones debidamente concebidas.
Al respecto la cultura y la ética son la fortalece indispensables para construir el bien común que es la finalidad esencial de una sociedad basada en leyes justas y en la seguridad ciudadana que debe garantizar el Estado de Derecho.
Bien cabe señalar que, así como el hogar y la educación desde la escuela a la universidad deben formar en el respeto a los valores y principios éticos, las autoridades y las instituciones públicas y privadas deben ser ejecutoras fieles de los mismos.
Pero si la violencia, la arbitrariedad y el interés del más fuerte prevalecen sobre la ley y las normas éticas ¿qué, podemos esperar?
En nuestro país la violencia que nos estremece es el resultado de la anomia moral, pensemos en que, si bien la carencia de trabajo y por consiguiente de recursos son un factor que puede motivar la acción delictiva, hasta superar estas limitaciones, la sociedad habría sucumbido, por eso que actuando con responsabilidad social la aplicación estricta de la ley y la sanción al delito son de aplicación inmediata por la necesidad de supervivencia y defensa de los bienes jurídicos protegidos. No cabe la propuesta de negociar con el delincuente y los actores del crimen organizado, esta es una vía que agravaría la crisis institucional.
El gobierno y todas las funciones y organismos del estado tienen la responsabilidad constitucional de garantizar la paz y seguridad ciudadana con la aplicación estricta de la Ley. (O)










