Pasa con frecuencia, que temas o palabras se instalan en mi mente, me persiguen insistentemente, están agazapadas, aparecen sin venir a cuento, entonces tengo que hablar de ello o escribir para que dejen de rondarme.
En esta Semana Mayor, ha sido la fe, esa creencia sin pruebas, que, como se dice en el libro de Javier Cercas “El loco de Dios en el fin del mundo”, es casi una intuición que no se puede aprender ni enseñar, se la tiene o no, pero también es una experiencia a la que debemos estar dispuestos, aunque no depende de la voluntad de la persona.
Dice Cercas que a veces ha sentido envidia de los que creen de verdad. Me ha pasado lo mismo, aunque no soy atea como él. Envidia y respeto por aquellos que creen y actúan con coherencia.
En estos días de conmemoración cristiana, los ritos y liturgias se practican alrededor del mundo, poniendo de manifiesto que “después de (más de) dos mil años de Historia, la Iglesia católica sigue en pie…Si yo creyera en los milagros, creería que es un milagro”, dice Cercas.
Pienso entonces, que esa permanencia y poderío quizá sea gracias a la fe y la práctica de millones. (O)




