La palabra corrupción etimológicamente proviene del latín “corruptio” que significa acción de corromper, dañar, arruinar, pervertir o destruir. Se la describe como el abuso de poder o de autoridad, generalmente cometidos por parte de funcionarios públicos o privados, mediante prácticas ilegales e inmorales, con el objeto de alcanzar beneficios ilícitos personales, alterando totalmente el comportamiento ético y probo, así como la honestidad y los valores de una persona o de una organización, a través de sobornos, malversación de fondos, nepotismo, tráfico de influencias, extorción, etc. Por lo tanto, la corrupción es un agravio a la justicia y a los derechos de las personas, provocando consecuencias negativas, como la desestabilización de las instituciones públicas y privadas, a más de la limitación del desarrollo económico de la sociedad. Desgraciadamente hoy en nuestro país, parece que la corrupción pasa a ser parte de la identidad y de la memoria colectiva de muchos ecuatorianos, ha dejado de ser un delito aislado y se ha transformado en una enfermedad viral pandémica. Ahora es tan normal que los políticos y los malos ciudadanos (no todos, por cierto), roben, engañen y se enriquezcan ilícitamente, como una acción común y corriente, y lo peor de todo que, ciertos aliados y fanáticos cierran los ojos mientras se saquea, se miente y se destruye el país, y en muchos de los casos aplauden y aprueban estas acciones: “claro que robó, pero hizo obras”. Las personas que justifican este proceder, pasan a ser cómplices y encubridores del daño causado a la sociedad y a la nación, ya que la corrupción no crece solo en el poder, crece también en la mente y en la conciencia de quién la normaliza. Funestamente en esta época se han perdido la decencia, los principios y la dignidad, el país está podrido por dentro; el actuar de muchos ciudadanos políticos que toleran estas desavenencias se ha convertido en cobardía, ya que tratan de justificar al impostor, antes de admitir que son engañados. Pero nunca olvidemos que, todo pueblo no se destruye solo por los corruptos que les gobiernan, ¡sino más bien por los fanáticos que lo toleran! La lucha contra la corrupción es un esfuerzo global que involucra la cooperación interna de autoridades y ciudadanos locales y nacionales, el compromiso entre gobiernos internacionales, así como de organizaciones no gubernamentales. (O)





