No es el Museo del Prado lo que indigna. Es la obscena distancia entre la postal del poder y la realidad del país. Mientras María José Pinto, vicepresidenta y ministra de Salud encargada, cumple agenda oficial en Madrid para “fortalecer” el sistema sanitario y se reúne con directivos del Prado para pensar alianzas para el Museo Nacional, en Ecuador la salud pública sigue desangrándose.
La indignación nace de la falta de sentido de urgencia. Porque mientras se filman videos, se borran publicaciones y se ensaya una narrativa de gestión moderna, los hospitales siguen en crisis. El propio MSP justificó las desvinculaciones de personal por optimización de recursos, pero la cobertura periodística muestra que hay denuncias de despidos de personal médico y administrativo en varias provincias, y gremios advierten que el recorte podría bordear el 1 % de la nómina, es decir, alrededor de 1.200 trabajadores.
Taisha sigue siendo la prueba más cruel del abandono. En abril, otra bebé murió en Cuenca tras llegar desde ese cantón con neumonía; medios reportaron que era la cuarta muerte infantil de 2026 en esa comunidad, sin respuesta del Ministerio. Es evidente el Estado solo sabe administrar la tragedia.
Gobernar también es saber dónde se debe estar, qué se debe decir y, sobre todo, qué no se puede frivolizar. Cuando la salud pública colapsa y los niños mueren sin respuesta suficiente, la prioridad no puede ser la imagen. (O)
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