Stalin Alvear (1942-2026), escritor, difusor de las artes y pensador comprometido con las causas sociales falleció en febrero pasado. De profesión abogado, se desempeñó como presidente nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana «Benjamín Carrión», entre 1996 y 2000. Mantuve una amistad y especial deferencia por su persona. Ya radicado en su Loja natal en más de una ocasión intercambió conmigo comunicación y mensajes generosos ante mi tarea literaria. Autor de El menos pequeño de los burgueses; Antes que me olvide; Tu Casa, nuestra casa; Trashumantes en busca de otra vida; entre otras obras. De su pluma emergieron textos de creación literaria, esbozo reflexivo y ejercicio periodístico.
En Tu Casa, nuestra casa (2011), Alvear rememora paisajes y pasajes inherentes a la compleja labor de difundir el intelecto del hombre. Se percibe una ferviente pasión por la obra mayor acuñada por su coterráneo, el insigne maestro Benjamín Carrión. Es una especie de compromiso militante ante semejante legado. Y, desde el pretérito no tan lejano, nos confiesa las dificultades presentadas como titular de la CCE y, su, inquebrantable afán por defender la autonomía institucional. En ese contexto, transmite con ahínco el empeño de democratizar la casona cultural, a través de un enfoque inclusivo y de participación popular.
Hoy, Don Stalin (como siempre lo traté) nos deja sus ideas, la acción noble a favor de las manifestaciones culturales y su indeclinable posición de izquierda, por el cual me vi tan identificado. Con su característica sencillez enalteció la “provincialidad” como elemento indispensable para comprender el ser ecuatoriano. En Antes que me olvide (1995); un compendio testimonial de vivencias personales resumidas entre la inspiración y el desencanto, entre los amores furtivos y la doctrina política, entre el humor y la nostalgia, ya lo advirtió con tono profético: «En un momentáneo pero innegable reflujo ideológico, el espacio de la cultura es vital para que los pueblos no se pierdan de camino». (O)




