El 1 de mayo es una fecha de reflexión, en donde converge la crítica y autocrítica. En la actualidad es un espacio en donde caben todas y todos, más aún cuando rige un sistema excluyente. Día reconocido como emblema del trabajador/a, y consigna de lucha del obrero, sumado el reclamo permanente del artesano. Su trascendencia sociológica es indiscutible, y por eso mismo, digna de reivindicación permanente, ya que las ideas de las mujeres y hombres se quedan encendidas como faros luminosos en el devenir del destino.
Referirse al 1 de mayo es aludir a la vida misma del trabajador, es encender la antorcha que alumbra sus ideas y el accionar correcto. Hoy, no podemos estar de luto por esta fecha, sino más bien, recordar con signos optimistas y respetuosos.
La historia es un proceso cíclico en transformación permanente, por ello, el trabajador tendrá siempre un enunciado en sus páginas, porque es actor principal del cambio y eje determinante del progreso. A quienes reniegan de las ideologías, hay que recordarles que la historia camina por sí sola, como ayer, como hoy y como siempre, y que, en ese andarivel de contradicciones sociales, vamos abriendo nuestros propios chaquiñanes. Ya lo señaló José Carlos Mariátegui: tenemos que diseñar una sociedad solidaria con imaginación verdadera y creación heroica, sin acudir a la copia y al calco, sintiendo nuestra la realidad y propio nuestro lenguaje. Toda sociedad requiere de la predisposición del trabajador para su valoración dentro y fuera de sus límites, anhelando la superación de los estratos socioeconómicos que provocan asimetrías en la humanidad.
Desde ese acumulado pretérito, Juan Paz y Miño recuerda que “en 1911, por iniciativa de la Asociación de Abastecedores del Mercado de Guayaquil, se conmemoró, por primera vez, el 1º de Mayo, que los trabajadores ecuatorianos celebraron desde entonces. El gobierno de Leonidas Plaza Gutiérrez (1912-1916), mediante decreto del 23 de abril de 1915, consagró ‘el Primero de Mayo de cada año, día feriado para los obreros del Ecuador’. El Día del Trabajo en Ecuador nació de la iniciativa obrera. Con ello se rindió homenaje a los trabajadores de Chicago (EE.UU.) que el 1º de Mayo de 1886 lanzaron una huelga general para lograr la jornada de 8 horas diarias, la misma que en los siguientes días llegó a contar con el apoyo obrero en todo el país”. (Orígenes del Día del Trabajo, Diario El Telégrafo, pág. 12, 30-abril-2012).
Que el 1 de mayo sea la síntesis histórica de la dignidad y la rebeldía y, el advenimiento de nuevos amaneceres que iluminen la riqueza espiritual y material del ser humano, es decir, la felicidad en el horizonte amplio de las utopías. (O)





