La alimentación del futuro: un debate urgente que Ecuador no puede seguir postergando

VOCES DE CIENTIFICAS
María Alejandra Aguirre Quezada
NODO REMCI – ESCUELA GENIA

Hablar de la alimentación del futuro ya no es un ejercicio utópico ni una conversación reservada a foros académicos internacionales, cada vez resulta una necesidad urgente. Diversos países del mundo han iniciado su preparación hacia una transición alimentaria profunda, impulsados por una certeza que se repite en informes científicos, económicos y ambientales, los modelos actuales de alimentación, que están diseñados sobre la base de un consumo diario de productos de origen animal, no serán sostenibles en los próximos 25 años.

Las razones son múltiples y están interconectadas, el innegable crecimiento exponencial de la poblacional global presiona los sistemas alimentarios como nunca antes. La disponibilidad de agua dulce disminuye aceleradamente, mientras la producción ganadera continúa siendo una de las actividades que más recursos hídricos consume. A esto se suma la pérdida de biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos. Por lo tanto, mantener el sistema tal como se ejecuta ahora no solo es difícil, es inviable.

En este escenario, la transición hacia dietas con alto contenido de alimentos de origen vegetal se presenta como una de las alternativas más discutidas y exploradas a nivel mundial. No se trata únicamente de cambiar lo que las familias incluyen en sus ollas, sino de repensar todo el sistema que sostiene nuestra alimentación, recociendo entonces el rol de lo que se produce, de lo que se distribuye, de lo que se consume y además de cómo gestionamos los residuos.

Mientras tanto, en Ecuador, este debate aún no logra instalarse con la fuerza que merece. La conversación pública sigue atrapada en la inmediatez de los problemas cotidianos, sin detenerse a reflexionar sobre cómo nos alimentaremos en una o dos décadas más. Sin embargo, los desafíos ya están aquí los informes nacionales sobre el perfil epidemiológico nutricional son claros, los hábitos de los ecuatorianos en términos alimentarios no son los más adecuados. Además, venimos conviviendo con la llamada “doble carga de malnutrición”, que lamentablemente continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública.

Pensar en la alimentación del futuro implica, entonces, abrir la puerta a ideas que hoy pueden parecer disruptivas, pero que ya están siendo exploradas en otros países. Los bancos de semillas, por ejemplo, se presentan como una herramienta clave para proteger la diversidad genética de los cultivos, garantizar la soberanía alimentaria y reducir la dependencia de unas pocas especies comerciales. (O)

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REDACCION EL MERCURIO