Más y más asesinatos en Cuenca

El asesinato, cometido son saña, de una madre y su hija, conmueve a Cuenca.

La ciudad, otrora territorio de paz –claro, no del todo–, semana tras semana cuenta los asesinatos, perpetrados de día o de noche; unos a bala, otros con armas cortopunzantes; unos en el área urbana, otros en la periferia urbano-rural; unos en la calle, otros en domicilios y en hostales oscuros y pestilentes.

Que se sepa, las investigaciones no pasan del anuncio de que se realizarán. A lo mucho las consabidas elucubraciones policiales: que presunto ajuste de cuentas, que son muertes dirigidas; que asesinados y asesinos tienen antecedentes penales; que sería por la lucha de territorios donde reina el micro tráfico, debido –se supone– de la alta demanda de una población adicta a las drogas.

A ese panorama sombrío, inestable, de miedo, de preocupación, de investigaciones cuyo final nadie sabe, se suma el homicidio de las dos mujeres en el interior de su casa, ocurrido el domingo anterior.

Según la Policía, los verdugos cubrieron las cabezas de sus víctimas con fundas plásticas, las ataron de pies y manos, tienen heridas contundentes, y, como, mudos testigos, quedaron las cintas de embalaje.

¿Para, simplemente, robar? Es una de las presunciones policiales, es decir, robo con muerte.

Compañeras de trabajo de las infortunadas en un mercado de la ciudad hablan bien de su conducta, de ser personas dedicadas a su trabajo. Además, la hija fue abogada.

La Fiscalía tiene el deber de investigar, de actuar con celeridad, no “con pies de plomo”, o como si fuera uno más del montón de muertes violentas que ocurren en Cuenca.

Para un alto oficial de la Policía, “debido a la crueldad con la que actuaron los asesinos”, aquél no corresponde a un robo común. He allí el nudo a desatar.

En rigor, la “ciudad tranquila, segura”, como que se nos está yendo de las manos. No es alarmar; es advertir.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO