Dejemos a un lado la neblina, porque siempre ha estado allí.
Capa de rodadura como piel de cocodrilo.
Baches o huecos, o como quiera llamárselos, para todos los gustos; para todo tipo de llantas; para probar la resistencia de los amortiguadores chinos, nacionales o japoneses.
Va a cumplirse un año desde cuando a algún comedido, con apodo de Ministerio o no se qué, se le ocurrió “rastrillar” la capa asfáltica devenida en lastre y en huecos, como los huecos que hiciera un elefante al caminar sobre una masa de harina.
Otro ocurrido, con apodo de autoridad o algo así, salió a decir qué tras ese raspado vendrá el reasfaltado.
De dónde también estarán trayendo el asfalto, porque hasta ahora no llega. Seguramente de la luna, de Marte, o del más allá.
Tramos rastrillados con cortes perpendiculares de siquiera 15 centímetros, aptos para probar cómo andan los frenos, la vista de los choferes, la paciencia de los pasajeros. Hay que treparlos o bajarlos manejando al sesgo, hasta por “amor al carrito”. Claro, a otros les importa un bledo, ni se diga a los chispos.
Deslizamientos de tierra y hundimientos a causa de fallas geológicas también abundan y se agrandan. Si hay lluvia con mayor razón.
Están de moda los socavamientos. Las peñas se desprenden; y como no hay cunetas limpias, peor atarjeas, el agua-lluvia hace de las suyas, llevándose el un carril o los dos.
Asoman nomás por allí los hundimientos. La dizque vía parece pista para motocross; como que los vehículos van a darse un clavado.
En verdad, créase que urge un exorcismo, porque esperar que algo haga el apodado como Ministerio, más pronto resucitarán Adán y Eva.
Es que llegando a zonas donde ya pica el mosco y se suda, material deslizado, quién sabe desde cuándo, incluyendo piedras de todo tonelaje, siguen allí. Igual los tremendos huecos llenos de agua lodo.
Si se esquiva un hueco se cae en dos, hasta en tres. Si se acelera, ¡zas! asoman montones de tierra, de lodo, cundidos de maleza, que también cubre las cunetas y las pocas señales de tránsito que, despintadas, quedan. Hay que manejar con las luces encendidas; pero más encendidos los 5 sentidos.
Viajar por ese camino vecinal sí que cabrea. Más aún, si, como dice aquel apodado, que los estudios ya están, que no están, que siguen haciéndolos en no sé qué infierno; y nadie sabe qué clase de estudios mismo son, ni para qué.
Vale una cruzada ciudadana para traerle en carro, pero de retro, a “luqueprogen” desde Pasaje a Cuenca, si es posible, operado; si es posible acompañado del “mita, mita”. (O)






