Vivimos en una época en la que la mente no se detiene y, muchas veces, no nos permite cuidar la calma interior. Esto no significa ignorar el dolor; por el contrario, significa buscar serenidad para conservar la paz en el corazón, incluso cuando el mundo exterior esté lleno de problemas. La verdadera calma nace en el interior; surge y crece cuando aprendemos a escucharnos a nosotros mismos, a valorar el silencio, el descanso y esos pequeños espacios de plenitud que nos ofrece la vida.
La persona que trabaja en su calma interior se fortalece, porque aprende a dominar sus emociones, no se deja llevar por el miedo y enfrenta los desafíos con valentía. La calma ayuda a dedicar tiempo a la reflexión y a escuchar la voz de nuestro cuerpo. Al cultivar el mundo interior, se obtiene más luz y más energía.
Mientras lee este artículo, le invito por unos segundos a escuchar el silencio, para comprender que no necesitamos vivir angustiados o estresados para encontrar sentido a la vida. La calma interior no es difícil de alcanzar, ni tampoco un lujo; es, sencillamente, una necesidad. Cuando se encuentra la calma y la paz, el espíritu se fortalece. La paz no se construye desde afuera, sino que se descubre dentro de uno mismo.
Osho fue un místico y líder espiritual de la India que basó sus enseñanzas en la meditación y el desarrollo personal. Señalaba que el silencio interior es vital y que la mayoría de las personas viven atrapadas por el lujo, el dinero, la vanidad y el ego. Sin embargo, afirmaba que, cuando dejamos atrás esos pensamientos, poco a poco aparece el silencio interior. Para ello, aconsejaba la meditación como una forma de ayudar a la mente a permanecer en calma.
Osho enseñó a no permanecer anclados en los recuerdos del pasado ni preocupados constantemente por el futuro. Sus enseñanzas invitan a vivir plenamente el momento presente y a comprender las emociones para transformarlas desde el interior. (O)





