Hace unos días conversamos en un grupo sobre el uso de la inteligencia artificial en la creación de trabajos escolares, invitaciones, montajes de imágenes, e incluso renders para proyectos. Las herramientas IA se hacen de uso común. Recientemente, leí un artículo indicando que los niños nacidos a partir de 2025 tendrán a la IA como un elemento fundamental, casi innato, de sus vidas. Para ellos, recurrir a la IA será tan normal como para nosotros es tener electricidad. Estas generaciones, no recibirán las experiencias de antaño con las que crecimos quienes estamos leyendo este artículo. No hay teléfonos convencionales, radios, casetes, que precedan la tecnología e IA con la que ellos vivirán. No hay expectativa, es una realidad.
Nuestra plática nos llevó a cierta dicotomía de emociones entre incertidumbre e impresión favorable sobre el uso de IA. Por un lado, están las bondades de recibir un sorprendente resultado de proyecto, imagen o redacción hecho por alguna herramienta; y por otro, los riesgos de cómo esa imagen posiblemente usa los derechos de autor de alguien más, genera una presentación sin mayor participación del estudiante, e incluso he escuchado sobre faltas ortográficas y gramaticales en la redacción de documentos. Entonces, no basta con una entrega elaborada a través de una mente artificial, se necesita de una revisión, de conciencia para guiar y llegar a un producto final que no solo sea adecuado, sino diría que, hasta ético en muchos aspectos. ¿Cómo lograr esta capacidad de gerenciar solicitudes a IA? Formación. Capacitación. Experiencias palpables. Integración e interacción con otras personas. Valores.
Una amiga decía que la sociedad nunca ha retrocedido a estos avances, y sutilmente sugiere el “no hay que quedarse atrás,” y tiene razón. En cuestión de tecnología viene bien actualizarnos y dar paso a las nuevas opciones. Pero recordemos que, humanidad y cultura, requieren de tradición transmitida de unos a otros (por vía oral, textos, dibujos); es decir, con interacción. Decidir si uso las palabras, pensamientos o filosofía de alguien más, no viene por recomendación de IA, sino por una conciencia y espíritu propios. Pueden cambiar las ideologías, estructuras físicas, organigramas laborales, pero la esencia humana, requiere alimentarse, y no de IA. (O)


