¿Es posible detenerse?

Para muchos esa no es siquiera una opción. Avanzar a cualquier precio, descubrir y conquistar, sin que importe lo que quede en el camino o lo que se destruya, es casi un imperativo categórico. Quienes piensan así, probablemente consideran que el progreso es sinónimo de cada vez más ciencia, más tecnología, más riqueza, más poder, más control sobre las cosas y sobre los otros. La idea de sostenibilidad o de bondad de las acciones, ni siquiera forma parte de sus cavilaciones, siempre orientadas al lucro.

A modo de ejemplo, con la intención de analizar la aplicación de principios éticos universales de un ámbito social a otro, me refiero a los cuatro pilares de la bioética médica que inspiran y orientan la práctica clínica y la investigación en salud: autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia. Estos principios representan un real desafío para la práctica médica, así como también para la práctica social en otros espacios, en los cuales el éxito económico, sin mayores remilgos, es buscado febrilmente y sin opción de retroceder, recurriendo en muchos casos a usos inconfesables, porque “así es el progreso”.

Sin embargo, detenerse siempre es una opción. Igualmente lo es retroceder. Esas posibilidades son absolutamente viables y están justificadas, incluso por la opinión pública, cuando se enmiendan comportamientos erróneos individuales o colectivos. Cualquiera de nosotros puede comprender la equivocación personal en la que se ha incurrido y detenerse en su práctica. 

Cuando se trata de situaciones que involucran a las sociedades, como el rumbo del desarrollo de una ciudad, un país o del mundo, también podemos detenernos, retroceder e intentar replicar buenas prácticas del pasado. El papa León XIV, en su primera encíclica, Magnifica Humanitas pide desenmascarar y desmontar la inteligencia artificial, por las gravísimas consecuencias que trae consigo, las cuales nos están deshumanizando y utilizando como datos para la consecución de fines de dominio y control. 

En el plano local, el cuencano Carlos Jaramillo Medina, arquitecto de profesión, en su blog Claraboya, escribe uno de sus claros y sentidos artículos, “En busca del espacio perdido…” donde analiza lo que somos y lo que estamos perdiendo en Cuenca con la agresiva construcción de edificios en toda la ciudad, y especialmente en la zona de El Ejido o Ciudad Jardín. 

Evocando a Proust, Jaramillo Medina propone la idea de que lo que se ha perdido en la ciudad, puede ser recuperado. En el caso del escritor francés, la intención es la recuperación del tiempo. En el caso del arquitecto morlaco, la intención es la recuperación del espacio urbano que se está perdiendo, en el modelo no aceptado, de la ciudad gris en expansión.  (O)

Dr. Juan Morales Ordóñez

Dr. Juan Morales Ordóñez