Bendita pelota hechizada en la grama

La celebración rutilante del fútbol irradia en estos días desde tres países convocantes: Estados Unidos, Canadá y México, como una catarsis que vence los miedos y el tránsito cotidiano. Con todos sus ángeles y demonios. En una convocatoria que concita la atención ecuménica. En un espectáculo en donde se contraen y reproducen las bondades y males de nuestra sociedad. Como diría Jorge Valdano: “El fútbol es un juego infinito en el que cabe toda la complejidad humana, desde los grandes valores hasta las más pequeñas miserias”.

El rey de los deportes rebasa pasiones y sentimientos encontrados. En esta edición mundialista 2026, se observa en la grama un nivel óptimo de competición y sistemas variados en los aspectos: técnico y táctico. En sí, es el fenómeno mundialista al que no hay que rehuirle, ya que detrás del mismo se guardan un sinnúmero de intereses que superan la dimensión futbolística: en su contorno se expresan otros beneficios, de orden político, económico, empresarial y mediático. Porque nos guste o no, el fútbol también es el resultado de una dinámica mercantilista cuyos movimientos giran alrededor del macabro ritmo del mercado y la tentación del dinero, a través de su apoderado mayor: la FIFA, entidad desde donde se mantienen en sigilo verdaderas redes de poder en el orbe.  Sin embargo, “la pelota no se mancha”, como lo dijo Diego Armando Maradona. El fútbol es esperanza en el imaginario colectivo. Es pasión -aunque suene redundante- desbordada en las emociones múltiples de los graderíos. La hinchada se funde en un solo aliento a favor de su equipo y con ello de un modo irrefrenable codicia el triunfo. 

Lcdo. Aníbal Fernando Bonilla

Lcdo. Aníbal Fernando Bonilla

Máster en Estudios Avanzados en Literatura Española y Latinoamericana. Máster en Escritura Creativa por la Universidad Internacional de la Rioja. Licenciado en Comunicación Social. Autor de varios libros.