El cese en las funciones de la presidenta del CNE, Diana Atamaint, ocurrida a mediados de la semana pasada y tras la resolución inesperada de una nueva mayoría en el pleno de la institución, no ha dejado de inquietar a un porcentaje importante de la opinión pública, y no porque no estemos casi que acostumbrados a los “sustos” políticos, sino porque faltan menos de cinco meses para las elecciones de los Gads y las juntas parroquiales, por un lado, y, por otro, no se ha sabido, por lo menos entre los cristianos comunes y corrientes que habitamos en este país, que la señora Atamaint se haya encontrado en la mira de algunos sectores políticos para “darle el vire” al rato menos pensado.
Si a lo anterior le agregamos la controversial decisión de las autoridades electorales para adelantar las elecciones porque supuestamente se viene una época de “full” lluvias y el verdadero caos que se observa entre las organizaciones políticas, buscando candidatos con palo de romero, tras inscribir listas a como de lugar, con tal de no “baldar” en las próximas elecciones, pues entonces ya tenemos un panorama bastante triste por delante y, eso más, con negros nubarrones, para coincidir, al menos por ahora, con los vapuleados meteorólogos.
Se deberá ahora esperar la reorganización de la gran mayoría, sino de todos, los organismos electorales provinciales, algunos de ellos claves en el manejo de la coordinación y de las decisiones electorales a nivel nacional. Viene entonces ahora la pregunta del millón, y partiendo de que el CNE presidido por la señora Atamaint por casi ocho años no deja un saldo positivo en el criterio del electorado ecuatoriano, ¿será que la “nueva” estructuración del CNE va a dar un giro de 180 grados en su desempeño, va a primar en sus actitudes la transparencia y el respeto a las leyes, y se le va a devolver a la sociedad la confianza en la conducción de los procesos electorales? ¡Allí es donde te quiero ver gallito! De otra manera, no se tratará sino de un cambio de envase, pero con el mismo jarabe, lo cual, obviamente no mejorará los resultados sino perpetuará las mañas y los manejos opacos y malolientes. (O)




