Hegel actualizó la forma estoica en la que la libertad es entendida como la conciencia de la necesidad. Esto quiere decir que el ser humano se hace libre, no cuando rompe sus límites como vulgarmente se cree, sino cuando los sabe reconocer, y los límites no están dados de manera caprichosa, sino que se corresponden con las regularidades de la estructura, primero de la vida, y después, de la forma de organización humana. Entonces, el ser humano seria libre en la medida en que comprende las causas de su determinación. A estas causas les llamamos necesidad, que se encuentra consolidada históricamente. La conciencia de la necesidad debería afianzar una suerte de voluntad para poder cambiar aquello que sí se puede cambiar. Marx dijo que la libertad comenzaba justo donde terminaba la necesidad inmediata, es decir la necesidad de sobrevivir. Si bien la necesidad nunca se elimina, el reino de la libertad nos daría una pausa para poder desplegar nuevas capacidades que incidan en la comprensión de la necesidad; la reflexión, la filosofía, la ciencia, el arte, y la política, todas estas capacidades, incapaces de ser desarrolladas en la precariedad de la necesidad. La libertad siempre esta determinada por el grado de la necesidad, y la inconciencia de esta conexión revela un extrañamiento propio de la incertidumbre en la que nos sume la necesidad. En la sociedad de la libertad, es extraño que la vida siga siendo gestionada sobre la precariedad de la necesidad. (O)




