Auténticos

La dimensión mediática y digital, cuando daña y sustituye los vínculos auténticos por conexiones ilusorias, rompe las redes reales de encuentro queridas por Dios. Ello supone un vaciamiento de la vida cristiana. Nuevamente, la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV sigue enriqueciendo. No con bienes materiales, sino con una vida de sentido y plenitud.

Los principios y la vida en comunión con Cristo no constituyen un acto de mera intimidad; implican influir en la sociedad, en la vida nacional y en el entorno más cercano. No puede haber un cristiano indiferente a la paz y la tranquilidad del otro, a la dignidad de las personas, a las instituciones y a la sociedad civil. No puede permanecer ajeno a aquello que afecta a los demás, nos recuerda el Papa.

El misterio de Dios-Amor es la fuente fundamental de la vida cristiana. Señala la Encíclica que el misterio viviente de Dios, revelado en Jesucristo, enseña que no existe realización humana posible sin la entrega de sí mismo a la comunidad, sin participar de ese movimiento trinitario de «amor recibido y compartido». 

Vivimos, advierte el Papa, en un clima de noticias falsas y manipulación narrativa que conduce al olvido de las lecciones aprendidas: el Holocausto, las guerras mundiales e incluso la crucifixión de Cristo. Sin una memoria viva de esos horrores, las decisiones corren el riesgo de repetirse: equivocadas, inmediatas, subordinadas a intereses pasajeros, manipuladas y carentes de visión de largo plazo. Hoy el discernimiento se encuentra afectado por una cultura que hiere y destruye; que manipula y olvida que Dios es amor y que sus obras son amor. Una cultura que desatiende sus símbolos y revelaciones en nombre de lo cómodo, lo efímero y lo frágil.

Hay que retomar, insiste el Papa, los criterios éticos que protegen y cuidan. Los más vulnerables son quienes hoy más pierden. Incluso la mentira puede llegar a presentar «un rostro limpio», mientras la paz se convierte en un intervalo precario, en una promesa de que «ya llegará». Se olvida así que la fortaleza cristiana se expresa siempre en el diálogo, la presencia, el perdón y el amor.

La dignidad del ser humano es un don que precede y trasciende toda circunstancia; es un regalo que Dios concede como expresión de su amor. Puede ser atacada por el egoísmo de cercanos y lejanos, por el miedo al cambio o por la incapacidad de comprender la realidad. El valor de la persona reside en su corazón y en su convicción de plena cercanía con Dios; en seguir los pasos del buen obrar; en los dones compartidos; en la luz que nace y se expande con grandeza; en la magia del encuentro; en la capacidad de actuar con equilibrio y justicia. Sin dañar. Sin herir. Sin lastimar. Sin mentir. Pero sí viviendo y creyendo en el camino de Dios. (O)

@jchalco

Dr. José Chalco

Dr. José Chalco

Doctor Ph.D. en Derecho, Magister en Derecho Constitucional. Abogado de los Tribunales de Justicia de la República. Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad del Azuay. Profesor de posgrado.