No existe termino que englobe más los ideales universales. En paz los montes, en paz las nubes, en paz Dios y en paz los hombres. Si ese prodigioso bienestar que sentimos de conseguir el entorno pacífico y nuestra alma y profundad está sosegada, calmada, reflexiva y dadivosa y todo esto es logrado y sentido profundamente en nuestra pulpa, incluso lo más drástico en nuestro viaje, que es la muerte, será bien contemplada.
Que naciones y humanidad tomen la paz como estandarte y descarten las guerras y fanatismos religiosos perversos, obtusos y mal sanos y hablo de todas las religiones y sectas sin descartar ninguna, la solidaridad se encarnaría en el hombre y el hambre disminuiría.
Mi querido amigo y respetado Canciller de la Universidad Católica de Cuenca, Enrique Pozo Cabrera, en unión de su novísimo Rector Agustín Borja P, en un liderazgo sin precedentes y con un trabajo minucioso, enorme y constante, van consiguiendo refundar y elevar el águila roja de su Universidad, posicionándola en niveles de enorme trascendencia dentro de las universidades latinoamericanas, luchando desde muchísimas trincheras que la academia excelsa implica. Hoy en su infatigable esfuerzo y trabajo, crea, con una visión humanista y universal, el INSTITUTO DE CIUDADES DE PAZ, cuya fuerza, ya reconocida internacionalmente apenas anunciada y fundada, promueve la cultura de paz y la convivencia basada en el derecho irrenunciable de la dignidad humana.
Paz. En paz los montes y en paz los pueblos es la comunión que logrará evitar conflictos y desangres de hermanos. La discusión y aceptación de pareceres dentro de un cenáculo racional y lógico, es el propósito esencial para formar naciones y sociedades de paz. La convivencia pacífica como fin, no puede ser de mayor altruismo y el Instituto empieza su camino en soleras de verdades insoslayables, que sustentaran diálogos y proyectos futuros de trascendencia.
Felicitar, comentar y aplaudir esta brillante, así como grande iniciativa de mi amigo Canciller y su Universidad, es un verdadero honor, entendiendo profundamente su filosofía de paz y humanismo que dará frutos exquisitos en la avenencia de los pueblos y sociedades. Seguirán sumándose en el tiempo a esta lucha, ciudades de paz, una a una, pues no tengo ni la más mínima duda que la iniciativa alejada de sectarismos y politiquerías insulsas, es el ideal solemne de todo ser vivo. Adelante. (O)





