De sonidos y grafías, o fonemas y letras, está hecha la palabra y la cultura, pero hay algo más profundo y definitorio, la palabra está hecha de las ideas que iluminan nuestra mente, pensemos que mediante la palabra expresamos lo que sentimos, lo que vemos, lo que nos admira o nos desagrada, todo el proceso mental es el reino de las ideas que se hace palabra y luego acción. Se ha señalado desde la filosofía, que la persona humana, es un ser racional, que piensa, siente y tiene conciencia de sí mismo, que ama y es capaz de decidir y actuar según las condiciones y las necesidades que motivan a sentirse bien o dar respuesta a la contradicción de la violencia actuada, hablada o escrita, al punto que todo parece ser la negación del destino superior a la que está convocada la vida humana
Pensemos que la relación con los “otros” la familia, la comunidad primigenia por naturaleza ya nos forma en la intimidad de nuestro “YO” al punto que siendo nosotros mismos necesitamos a los demás: padres y hermanos y, luego el entramado de la familia grande y más allá la vecindad, la ciudad o el vasto mundo de la comunidad, la nación y la región, con toda su gente y sus obras porque la “CULTURA” es la manifestación de lo que somos, de allí el valor trascendental de sabernos personas destinadas a realizarnos en plenitud, así nos dice el testimonio de los grandes avances de la ciencia, la belleza del arte, la poesía y la literatura con las grandes lecciones de la PALABRA, aquí mismo y en el mundo como las obras de Cervates, Dante, Miguel Ángel y, hoy mismo García Márquez o Vargas Llosa.
Construir nuestro mundo es el desafío existencial.
Pero de un tiempo acá, cuanta miseria acumulada, al punto que se habla de “miseria humana” para señalar a ese inframundo de la palabra violenta, vulgar, expresión del retorno a la caverna… (O)



