El 1 de junio de 1986 se llevó a cabo un referéndum convocado por el presidente León Febres Cordero y con una sola pregunta, sobre la participación de los independientes como candidatos, sin necesidad de estar afiliados a un partido político. Gano el NO con cerca de un 57 % de votos y el SI tuvo apenas un 23 % de votos a favor. Todo apunta a pensar que el electorado, como ya ha sucedido en ocasiones posteriores, voto mayoritariamente en contra de la propuesta gubernamental, no por el contenido de la pregunta sino por demostrar su descontento con el manejo del país, teoría que se comprobó 8 años más tarde, cuando el 28 de agosto de 1994 se realizó la primera consulta popular convocada por el presidente Sixto Duran y en la cual ganó la segunda pregunta, justamente sobre la participación política de los independientes.
Uno de los argumentos importantes a favor de la participación como candidatos de personas que no se encontraban afiliados a ninguna agrupación, era aquel que consideraba que no podía obligarse a un ciudadano a tal o cual afiliación. Otro era aquel que tomaba en cuenta que muchos ecuatorianos no eran afiliados a ningún partido y, obviamente, se podía tratar de ciudadanos valiosos para desempeñar una función pública.
Lamentablemente, el tiempo y la picardía criolla nos han mostrado elementos que se han servido de esta decisión popular para “ofrecer su contingente” como en subasta pública o en tienda de abarrotes, y aparecer en la papeleta electoral saltándose, cada vez, de colores y números, posponiendo las ideologías y los programas ante la mirada incrédula de los electores. Es urgente una reforma que, manteniendo la voluntad de la consulta de 1994, permita que la no obligatoriedad de la afiliación política para una candidatura se mantenga, pero POR UNA SOLA OCASIÓN, es decir, que quién se candidatizo con el auspicio de un partido, sea que triunfo o no en la contienda electoral, no pueda volver a candidatizarse, ni por el mismo o por ningún otro partido, a menos que cumpla con todos los requisitos legales. Se vuelve indispensable poner un alto a las empresas electoreras y al “aventurerismo” politiquero. (O)




