En los meses de mayo y julio de 1992, los jueces italianos Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, respectivamente, fueron asesinados por la mafia italiana a través de sendos atentados con explosivos, y en los cuales fallecieron, además, los miembros de su personal acompañante. Falcone y Borsellino, grandes amigos, habían iniciado una serie de investigaciones tendientes a descubrir las vinculaciones de la mafia, tanto en el interior de la función judicial como entre las filas policiales. Las investigaciones continuadas luego de la muerte de los dos magistrados no produjeron resultados inmediatos. Tuvieron que pasar casi veinte años luego de su trágico fallecimiento para que se termine de desenredar el ovillo que involucraba a importantes capos de la mafia y a sus “contactos” en las esferas institucionales.
El real valor de las acciones de Falcone y Borsellino es que no se dejaron intimidar por las amenazas. Nunca antepusieron, ni su tranquilidad ni su seguridad, a las obligaciones que demandaba el correcto desempeño de su cargo. Conocían perfectamente los riesgos que enfrentaban, pero aún así, optaron por la vía que les dictaba su conciencia, su compromiso con la sociedad. Falcone y Borsellino fueron asesinados. El recuerdo de su comportamiento debe constituir hoy un ejemplo para los administradores de justicia y para las nuevas generaciones de fiscales y jueces.
Las opciones no son muchas y los jueces las tienen que tener muy claras. El dinero mal habido, producto de las coimas y los sobornos, brinda comodidades, holguras y despilfarros, pero en cambio quita el sueño, no permite estar en paz con la conciencia y provoca vergüenza. El enriquecimiento ilícito, en todas sus formas, delata inconfundiblemente a sus “actores” y es difícil de explicar, aunque sus protagonistas estén convencidos de hacerlo con soltura y con éxito.
Aquel concepto de la “frente en alto” debe constituir un punto fijo en la mira ciudadana, no calificado por uno mismo, por supuesto, sino por la benevolencia de la comunidad. Que los Falcones y los Borsellinos se multipliquen cada vez y que volvamos siempre nuestros pasos hacia la transparencia y el honesto proceder. (O)




