Esa frase pronunciada por una política ecuatoriana fue noticia nacional hace unas semanas. A menudo ese tipo de declaraciones nos confrontan con nosotros mismos, espetándonos descarnadamente formas culturales que describen una cierta manera de ser que también nos caracteriza como pueblo. Recordemos solamente otra expresión de esa laya que pronunció una asambleísta en un mitin político del partido al que pertenecía: “si roban, roben bien”.
El impacto en la sociedad ecuatoriana de ese tipo de pronunciamientos realizados por políticos profesionales y otros ciudadanos, si bien causan rechazo, al mismo tiempo son avalados por mucha gente que los acoge sonriendo porque representan una conducta recurrente, la cual llega a ser, implícitamente, aceptada como correcta por un gran segmento de nuestra sociedad.
Hace unos días, los articulistas de opinión de este diario, fuimos convocados por sus directivos a un conversatorio sobre la labor de los columnistas y la inteligencia artificial. La participación activa de quienes asistieron evidenció que escribir en un medio independiente que celebra 102 años de existencia y que encarna la identidad de la cuencanidad, no es un oficio mecánico, sino un compromiso ético. En ese espacio, la responsabilidad del escritor independiente se confrontó directamente con el avance de la automatización tecnológica.
Se expusieron las ventajas y los riesgos del sistema de inteligencia artificial aplicado a la redacción de artículos de opinión. La facilidad de acceder a datos inmediatos, contrastar la pertinencia de los argumentos y corregir el estilo para mejorar la presentación de las ideas., son algunas opciones, entre tantas otras, que pueden ser consideradas como ventajas que nos ofrece la tecnología.
Los riesgos están en la pérdida de identidad del articulista si se allana a las complacientes respuestas de la IA, o si no se verifica la información recibida que en ciertos casos puede ser falsa. También se corre el riesgo de la subordinación a los conocimientos organizados y presentados por la inteligencia artificial, en una suerte de búsqueda de un falso confort porque la tecnología lo resuelve todo si no asumimos nuestro ineludible rol de escritores responsables de lo que firmamos.
En el colmo de la abdicación, la pluma del articulista cedería su lugar al sistema tecnológico. Esta flaqueza inaceptable daría lugar a una analogía grotesca con el desparpajo de la frase del título de esta columna: “¡Si no sabes, copia!”. (O)





