Freddy Campoverde, docente investigador de la Universidad Politécnica Salesiana (UPS) y exvicepresidente del Colegio de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos del Azuay (CIEELA), participó en el programa Voces del Sur, de diario El Mercurio, para analizar la situación energética del país.
– ¿Cómo funciona el sistema eléctrico del país?
El sistema eléctrico se maneja en función de dos parámetros fundamentales: la curva de demanda y la curva de generación. Cuando ambas curvas se acercan, empiezan los problemas, porque no se dispone de suficiente energía para abastecer a los usuarios del país.
La curva de generación está compuesta por varios tipos de fuentes: la generación hidráulica representa el 70 %; la térmica, el 25 %; y el 5 % restante corresponde a otros sistemas, como la energía eólica y la fotovoltaica.
– ¿Qué representa para el país que el 70 % de generación sea hidráulica?
Eso debería ser una virtud, pero se ha convertido en un problema porque no se ha hecho el trabajo complementario. Una matriz energética no puede depender únicamente de una fuente de generación primaria, sino que debe existir una diversificación.
En 2015 se construyeron grandes centrales hidroeléctricas, pero faltó complementar esa capacidad con generación térmica. No se ha hecho lo suficiente en este ámbito ni se han repotenciado las centrales térmicas que tenemos.
– ¿Por qué se sienten los problemas ahora y no cuando entraron en operación las hidroeléctricas?
Esto se debe a que la demanda ha crecido. Entre 2015 y 2016 teníamos una demanda de potencia de 3.000 megavatios o algo más, mientras que este año hemos llegado a un pico de 5.600 megavatios, con una demanda media superior a los 4.600 megavatios. La demanda ha aumentado de una manera que no se había previsto.
– ¿Debido a qué crece la demanda de energía?
Han aumentado las industrias y las empresas. Por ejemplo, en la Costa, las condiciones climáticas han provocado un mayor uso de aires acondicionados. En general, la modernidad y la disponibilidad de más artefactos eléctricos también han incrementado el consumo de energía.
Otra causa es la falta de un tratamiento adecuado a las generadoras térmicas. Tenemos una capacidad instalada superior a los 2.000 megavatios, pero solo 1.000 megavatios están disponibles para su utilización.
– El Gobierno ha manifestado que no vamos a tener cortes, pero hay dudas ¿Cree que tengamos suspensiones en el servicio?
Es una pregunta muy compleja de responder. El peligro está latente, porque el sistema eléctrico se maneja en función del embalse de Mazar, que constituye una de las principales reservas de agua para la generación de energía.
Mazar tiene un embalse de alrededor de 400 millones de metros cúbicos, con una cota máxima de 2.153 metros y una mínima de 2.030 metros sobre el nivel del mar. Esto representa una diferencia de 123 metros de altura.
Existen niveles intermedios que establecen que se puede generar energía hasta una cota de 2.114 metros, pero, si el nivel baja de ese punto, se corre el riesgo de acercarse a la zona de captación, donde se forman remolinos que pueden arrastrar sedimentos y poner en riesgo las turbinas.
– ¿Por qué la industria es la que más consume energía?
Los grandes industriales consumen el 22 % de la energía, mientras que los usuarios de medio voltaje representan el 18 %. Es decir, ambos sectores concentran el 40 % del consumo total. El 60 % restante corresponde a los demás usuarios y categorías, como los abonados residenciales y las cargas especiales, entre otros.
– ¿Sino hubiera Mazar que pasaría?
El Complejo Hidroeléctrico Paute Integral está conformado por las centrales Mazar, Molino y Sopladora, que en conjunto tienen una potencia instalada de 1.757 megavatios, lo que representa aproximadamente la tercera parte de la demanda eléctrica del país. Mazar cumple una función reguladora, pues almacena agua para garantizar el abastecimiento necesario para la generación de energía en Molino y Sopladora.
– ¿Es necesario construir el proyecto hidroeléctrico Santiago?
Sería menos probable que enfrentáramos problemas de cortes de energía, ya que contaríamos con una reserva adicional. Sin embargo, debemos entender que una matriz eléctrica no puede depender de un solo tipo de fuente de energía primaria, sino que debe existir una combinación de centrales hidroeléctricas y térmicas.
– ¿Ha hecho algo el actual Gobierno para cambiar la situación tras la crisis energética de 2024?
No se ha hecho lo suficiente. En 2023 ya se conocían los problemas que podían presentarse en 2024 por el estiaje y los que podrían surgir en 2026 por la combinación del estiaje y el fenómeno de El Niño. Considero que se debieron tomar medidas más oportunas, como incorporar 400 megavatios de generación térmica en 2024 y otros 300 megavatios en 2025.
Además, debió iniciarse la construcción de grandes proyectos, como Cardenillo, Santiago y El Aromo, este último de generación fotovoltaica.
Sin embargo, hay que mencionar que se ha dado mantenimiento a las centrales existentes y se han recuperado entre 400 y 500 megavatios de potencia. Aun así, todavía falta mucho por hacer.
– ¿Qué beneficios nos traería el proyecto multipropósito Soldados-Yanuncay?
Es un proyecto de 22 megavatios, por lo que su capacidad de generación es pequeña. Sin embargo, su beneficio y valor agregado para Cuenca estarán en el almacenamiento de agua y el control de las inundaciones. Su aporte energético no será significativo, pero todo suma.
– ¿Es dable que un Gobierno tenga que comprar energía a un país vecino?
Está bien para situaciones eventuales. Ojalá se concrete una conexión más amplia con Perú, de manera que Ecuador, Colombia y Perú puedan abastecerse mutuamente de energía cuando lo necesiten. Lo grave es lo que ocurre actualmente, cuando Colombia nos vende energía a un costo demasiado elevado. (I)
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