Daysy Ormaza todavía tiene presente el dolor del año pasado. Ciudadela San Roque había terminado tercero en su primera participación en el Mundialito de los Pobres, pero dentro del equipo la sensación era distinta, el objetivo había sido ser campeón. La decepción, recuerda, terminó convertida en combustible.
Un año después, esa historia cambió. San Roque levantó por primera vez la copa y Ormaza se convirtió en la primera mujer dirigente en consagrarse campeona del tradicional torneo de indor de Cuenca. Lo hizo al frente de un equipo que apenas cumple su segundo año en la competencia y que ahora inscribió su nombre entre los campeones del interbarrial.
Ella es quien da la cara. Su esposo Felipe Cando, cuenta, fue quien siempre tuvo el deseo de sacar adelante al equipo, pero prefiere mantenerse detrás de escena. Daysy asumió el papel de hablar, organizar, acompañar y estar pendiente de cada detalle.
No es un trabajo sencillo. La preparación comienza meses antes del torneo y, conforme avanzan los partidos, las responsabilidades aumentan. Jugadores, hinchada, planificación, entrenamientos y hasta la organización de los festejos pasaron por sus manos. “No es fácil, conlleva mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho tiempo”, reconoce.
Su carácter le ayuda
Su carácter también forma parte de esa conducción. La dirigente se describe como una persona frontal, de carácter fuerte y que dice las cosas directamente. A los jugadores les habla con firmeza cuando considera necesario, aunque asegura que nunca los ha tratado mal. Esa manera de manejar el grupo terminó formando un vínculo que va más allá de la cancha.
Para esta edición, San Roque mantuvo prácticamente toda la plantilla que consiguió el tercer lugar en 2025. Solo incorporó dos refuerzos: Edison Serrano y Washington Vera. El grupo, dice Daisy, terminó funcionando como una familia.
La herida del año anterior también tuvo su peso. Recuerda que después de aquella eliminación todos lloraron porque el propósito no se había cumplido. Ese momento, lejos de dividirlos, los fortaleció.
El camino hacia el título tampoco estuvo libre de tensión. Para Daysy, todos los partidos del 2026 fueron motivo de nervios, pero hubo uno que llevó esa sensación al límite: el enfrentamiento ante Cristo Salvador, que se definió en penales.
Mientras veía la definición, solo pudo encomendarse a Dios. “Que sea lo que Dios quiera”, pensaba. El equipo siguió adelante y esa angustia terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos que ahora guarda junto con la copa.
Pero detrás de la celebración también hubo una ausencia. Antes de la final, Daysy rompió en llanto al recordar a su suegro, Carlos Cando, fallecido este año. Era uno de los hinchas que hubiera querido estar presente para celebrar el campeonato.
La copa, en un lugar especial
Por eso la copa tendrá un lugar especial en su casa. No solo representará el primer título de San Roque, sino también las noches de trabajo, los sacrificios, el tiempo restado a la familia y todas las personas que estuvieron detrás del equipo. “Todo el esfuerzo que uno hace está ahí”, dice mientras mira el trofeo.
Ahora comienza otro desafío. Ser campeón significa cargar con una presión distinta. Ormaza sabe que el próximo año todos querrán vencer al monarca, pero tampoco promete una nueva corona. Prefiere hablar de trabajo y de vivir cada partido.
“No hay que ser ambiciosas en la vida”, responde cuando se le pregunta si ahora quiere más títulos.
Su tranquilidad contrasta con todo lo que vivió durante el torneo. Está feliz, sobre todo porque el campeonato también cumplió un sueño de su esposo. Sus hijos y toda la familia celebraron con ella.
La hinchada también ocupa un lugar importante. Ciudadela San Roque pasó de festejar con poca gente después del tercer puesto de 2025 a vivir una celebración multitudinaria tras conquistar el título. Daisy agradece a quienes acompañaron al equipo y les pide que continúen junto al campeón.
Ella llegó al Mundialito como aficionada, acompañando a su esposo a los partidos. Ahora mira el torneo desde otro lugar, con una copa en las manos y como la primera dirigente mujer que alcanza la gloria al frente de un campeón.
No sabe qué vendrá después. No habla de una nueva era ni hace promesas. Su filosofía es sencilla, la de seguir trabajando, partido a partido. Para Daysy Ormaza, el primer título de Ciudadela San Roque no se explica solamente con goles, jugadores o resultados. Se explica con una palabra que repitió durante la entrevista y que, para ella, resume todo lo que construyeron, ser una familia. (D)
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