Recientemente me llamó la atención leer a Vandana Shiva, una mujer hindú, filósofa y pensadora contemporánea que, hoy en día, es una figura de reconocimiento mundial. Es una de las representantes más influyentes del ecofeminismo y de la conciencia ambiental.
Considera que la explotación de la naturaleza es perjudicial, que no se debe dañar la Tierra y lucha por los derechos de las comunidades rurales, a la vez que critica duramente a la agroindustria global. Es una activista muy respetada en todo el mundo y recibió el Premio Right Livelihood, considerado en ocasiones como una alternativa al Premio Nobel de la Paz.
Vandana Shiva es considerada una persona espiritual. Su pensamiento cuestiona la idea de que «la tierra, el agua, las plantas y los animales existen únicamente para satisfacer las necesidades económicas del ser humano».
Por ello, cuidar la naturaleza no es solo una cuestión ecológica, sino también un compromiso ético y espiritual, puesto que existe una estrecha interdependencia entre los seres vivos. La destrucción ambiental, además, está profundamente relacionada con los problemas sociales.
Su pensamiento se enfoca en la biodiversidad y se fundamenta en la necesidad de mantener el equilibrio de los ecosistemas. La biodiversidad también contiene historia, cultura, conocimientos y la posibilidad de alimentar a las futuras generaciones. Shiva relaciona su pensamiento con «la pobreza, la desigualdad y la explotación de las comunidades más vulnerables».
Esta pensadora hindú nos enseña a reflexionar sobre nuestro modo de relacionarnos con todo el planeta. Señala que, si cambiamos nuestra manera de mirar y comprender la naturaleza, el mundo también puede cambiar. Por consiguiente, no se puede hablar de progreso si este provoca la destrucción de los ecosistemas.
Esta destrucción, junto con el cambio climático, deteriora y devasta la Tierra. Por ello, Vandana Shiva sostiene que es urgente recuperar y respetar una relación más amable y armónica con la Tierra. (O)




