Sería provechoso que el presidente Daniel Noboa, al cumplir este 24 de Mayo el primero de sus cuatro años de mandato haga una autocrítica sobre su gobierno.
Cada 24 de Mayo se asiste al ritual de ver al presidente dar su informe a la nación, destacando, según su visión, los logros económicos, en seguridad, en lo social; sobre obras ejecutadas, sobre las relaciones internacionales y referirse a la oposición.
Abundarán en cifras, en comparaciones; igual los escollos, sobre todo los surgidos en su relación con la Corte Constitucional.
Bueno sería que explique por qué, si bien el riesgo país ha bajado de manera ostensible; que el país recuperó la confianza en los mercados internacionales; que se firmaron varios acuerdos comerciales, estos logros no se traducen en bienestar para la gente, en empleo adecuado, en inversiones internacionales que valgan la pena.
Algo tendrá que decir sobre los resultados de encuestas reveladoras de que su aceptación y confianza caen en picada.
Alguna razón tendrá la gente, no toda por su puesto, como para que se sienta pesimista; para que exprese que tiene poca fe en el futuro, o que la corrupción persiste.
También querrían que diga por qué su estrategia de seguridad se apalanca únicamente en continuos estados de excepción; y, a la par, en toques de queda que repercuten en la actividad económica nocturna, en tanto los resultados, si bien contundentes en muchos casos, como que no sirven como para garantizar la total recuperación de la paz y, por consiguiente, de trabajar sin temor. Vale sincerarse en este ámbito.
Es que los “dueños” del brutal “negocio” del narcotráfico y de otros delitos conexos, siguen ocultos, acaso protegidos por algún poder oculto.
Si el presidente fuera autocrítico, bien haría en reconocer lo que no ha podido hacer, los por qué; en qué está dispuesto a rectificar; y por qué insiste en decir que hay “un nuevo Ecuador” cuando la realidad es otra, salvo algunos matices.








