Minuciosidad, control y educación. Estas tres palabras resumen el trabajo de Juan Peña Guillén, gerente general de Hacienda La Papaya y director general de Inducaf Exporto, dos empresas enfocadas en exportar el mejor café del sur del Ecuador desde Cuenca.
Lo que empezó en 2006 con un proceso de pruebas y trabajos, y con un giro de negocio en medio de la pandemia de la COVID-19, llevó a que el nombre de Juan Peña y el café de docenas de productores de Saraguro, Yunguilla y Zamora Chinchipe no solo se visibilicen, sino que se respete y aprecie la producción cafetera ecuatoriana que en los últimos años se ha ganado su espacio en el mundo.
Todo comenzó hace 20 años, cuando Peña, ingeniero agrónomo, identificó junto a su padre el potencial en una finca familiar ubicada a 2.000 metros sobre el nivel del mar, en el sector La Papaya, en el cantón Saraguro, provincia de Loja. El interés radicaba en exportar café desde Ecuador.
Por aquel entonces, lo que hoy se llama café de especialidad se conocía como café gourmet o cafés excelsos.
Con la intención de comprender los requerimientos reales de ese nicho, Peña emprendió en 2007 un viaje de prospección a la zona cafetera colombiana, recorriendo la ciudad de Manizales, los laboratorios de investigación de Cenicafé y la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia.

Aquella inmersión técnica dejó al descubierto el contraste marcado entre el desarrollo del sector en el país vecino y las limitaciones operativas de la caficultura ecuatoriana de la época.
«Tuvimos la oportunidad de estar en Cenicafé, la Federación de Cafeteros de Colombia, donde vimos una realidad muy distinta y avanzada de nuestra cultura. Al regreso con varias ideas, comenzamos cinco hectáreas de café en esta hacienda con la mejor tecnología agrícola», dijo Peña a El Mercurio.
Tecnología
Una de las consignas del proyecto, desde un principio, fue implementar tecnología de punta. Siembras de riego, control estricto de lo sembrado y esquemas de medición formaron parte del proceso para obtener el mejor café. Años después, con pruebas, errores y seguimientos, se consolidó la idea y propuesta de Peña. En el año 2013 se realizó la primera exportación directa de Hacienda La Papaya hacia Estados Unidos, con un envío destinado a una tostaduría referente del sector de especialidad en Minneapolis.
El perfil aromático y la pureza genética de la variedad Típica Mejorado que se había sembrado captaron de inmediato la atención del circuito profesional norteamericano.

A finales de 2014, una delegación compuesta por entre ocho y nueve campeones estadounidenses, entre baristas y tostadores, viajó a Saraguro para inspeccionar los procesos de cultivo, beneficio y manejo agronómico en la hacienda.
El impacto de esa visita se tradujo en un hito al año siguiente: durante el US Barista Championship de 2015, los competidores que se presentaron con el café de Hacienda La Papaya se coronaron con el primer y segundo lugar tanto en la categoría de Baristas como en la de Tostadores.
En este primer trienio, la operación se mantuvo en volúmenes pequeños de exportación, privilegiando la trazabilidad absoluta y el perfil de cata sobre el volumen masivo. Porque, además de la tecnología de primera, la consigna de Peña fue tener el control desde la siembra, pasando por la cosecha, y hasta a quién se vendía el café.
Sociedad
Hacia 2016, frente al reto estructural que representa sostener la rentabilidad económica en Ecuador con parcelas agrícolas de pequeña escala, la empresa diseñó un modelo de negocio colaborativo con productores. A diferencia de otras empresas, que compran el café en distintos espacios, Hacienda La Papaya decidió entregar semillas de alta calidad a sus trabajadores, proveerles de material para la siembra y el cuidado, y capacitarlos sobre agronomía.
Este esquema permitió integrar a más de diez socios productores en Loja e incursionar con éxito en un nuevo mercado exigente: el asiático. Gracias al trabajo de todos, el café llegó a exportarse a Corea del Sur mediante victorias en certámenes de cata.
Resilientes
Hasta 2017, la empresa dependía de terceros en Quito para el trillado del café pergamino y para usar sus permisos de exportación. Para eliminar esa dependencia, en 2018 instaló en Cuenca una planta propia con maquinaria de trillado, laboratorio de catación y una unidad de fertilizantes, que estaba plenamente consolidada para 2019.
Sin embargo, cuando todo iba encaminado, la pandemia de 2020 paralizó el comercio marítimo: se cancelaron rutas, se congelaron pedidos y se detuvo el envío de muestras.

Los productores, aislados en sus fincas, lograron rescatar cerca de la mitad de la cosecha. Con el grano acumulado y sin poder exportar por barco, en abril de 2020 la empresa creó una caja de 25 kilos diseñada para enviarse por vía aérea a tostadurías mediante couriers.
El éxito de ese canal llevó a fundar Café Exporto, con inversionistas de Cuenca y un socio extranjero, bajo un modelo B2B que abastece directamente a tostadurías de especialidad en el mundo, sin importadores intermediarios.
«Decidimos diseñar una caja de café de 25 kg… teníamos que sacar el café o cerrar la empresa. Tomamos la decisión: había dos decisiones muy fáciles, cerrar la empresa o continuar vendiendo estas cajas, aunque sea a pérdida», dijo Peña.
Y la decisión fue la correcta, porque seis años después, ambas empresas se lograron consolidar y en la actualidad exportan desde Cuenca alrededor de 3.500 cajas del mejor café ecuatoriano. (I)












