La derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez cerraron este jueves 4 de mayo de 2026, ante miles de seguidores, sus campañas para el reñido balotaje presidencial del domingo, en un Perú azotado por la delincuencia y la inestabilidad política.
En medio de gritos de «Keiko presidenta», Fujimori, hija del expresidente autócrata Alberto Fujimori (1990-2000), pidió el voto a los peruanos para «evitar el caos y el retroceso».
«¡Queremos un gobierno que nos traiga paz, que recupere el orden! Queremos un gobierno confiable (…) No los voy a defraudar», dijo Fujimori, administradora de empresas de 51 años que busca por cuarta vez consecutiva la presidencia de Perú.
Mérida Delgado, de 65 años, expresó a la AFP en el mitin su temor por una victoria de la izquierda que, según ella, pueda llevar a Perú por el camino que siguieron Venezuela o Cuba: «No podemos dejarlos ganar con el comunismo y el terrorismo».
Entre fuegos artificiales y música andina, Sánchez, congresista y exministro de 57 años, prometió «democracia». «Será el fin del caos, el fin de la señora K, el fin de los asesinatos, la corrupción, la impunidad», afirmó.
«¡Abajo la señora mafiosa, Abajo el fujimorismo!», gritó Sánchez, quien, como hizo en toda la campaña, llevaba el sombrero campesino que le regaló el expresidente Pedro Castillo, preso por un fallido autogolpe de Estado.
«Todos estos años han sido caóticos. Esta será la cuarta derrota de Keiko. Yo he vivido la época de su padre que fue de corrupción total», dijo a la AFP una de sus seguidoras en el mitin, Cristina Sotomayor, administradora de 63 años.
A pocos días de la votación, el último sondeo de hace cinco días sitúa a ambos candidatos cabeza a cabeza, con una quinta parte del electorado indeciso, cansado de la turbulencia política vivida con ocho presidentes en una década.
Una primera vuelta, plagada de fallos técnicos y denuncias de fraude, con una treintena de candidatos reflejó la frustración generalizada con la clase política peruana. Fujimori y Sánchez, juntos, no llegaron ni al 30 % de votos.
– Matanza y extorsiones –
Sánchez se presenta como la voz de los electores pobres y de las áreas rurales, al prometer un «cambio radical» y acusar a las élites y al Parlamento de ser responsables de la inestabilidad.
Los seguidores de Keiko recuerdan que su padre derrotó a las guerrillas que desangraron al país en los años 1980 y 1990, y estabilizó la economía, mientras que sus detractores recuerdan su condena por corrupción y violaciones de los derechos humanos.
«Nosotros representamos progreso, ellos retroceso», aseguró Fujimori, a quien los peruanos dicen «la china» por sus ojos rasgados.
Keiko promete una política de firmeza frente a la inseguridad en un país que registró un aumento del 20% en las denuncias de extorsiones en 2025 respecto del año anterior.
«La vida cotidiana en Perú puede resultar aterradora: hay mucha delincuencia y muchos asesinatos. Extorsiones, asesinatos, cobros por protección…», dijo en el mitin Raúl Porras, un agricultor de 52 años.
Lima registró 23 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2025, tres veces más que cinco años antes, según datos oficiales.
En su cierre de campaña, Sánchez atribuyó a la corrupción la imparable criminalidad. «Por eso vamos a proponer muerte civil a los corruptos», manifestó al referirse a que los vetará en cargos públicos.
Dagni Espinoza, una enfermera de 42 años, y quien llegó vestida con su traje andino tradicional, dijo esperar que Sánchez «detenga las matanzas y las extorsiones». «Tenemos miedo a morir por una bala perdida», agregó.
A pesar de la inestabilidad, la economía peruana es estable. El próximo presidente tendrá que lidiar con un Congreso dividido y una profunda desconfianza pública hacia el gobierno.
Alrededor de 27 millones de peruanos están llamados a sufragar en la segunda vuelta en un país donde el voto es obligatorio. AFP












