Al haber perdido la vergüenza hace tiempo, si algo ha causado risa, es escuchar a los dictadores Maduro y Ortega hablar de fraude o de ilegitimidad en las elecciones presidenciales; o el discurso de Claudia Sheinbaum, más lúgubre que la de un locutor moribundo, desconociendo a Daniel Noboa como presidente; y la versión en 33 …











