Nuevos edificios en Cuenca ¡a diestra y siniestra!

La plataforma Numbeo, por segundo año consecutivo, ha publicado que Cuenca es la mejor ciudad para vivir en América del Sur. Nosotros, los que nacimos acá y vivimos en esta hermosa urbe, estamos de acuerdo con esa designación. Quienes se han radicado en este espacio urbano, seguramente comparten ese criterio. 

Los inversionistas en los distintos ámbitos de la vida cotidiana y también en los negocios, conocen de esta realidad y por eso desarrollan proyectos que contribuyen a fortalecer la economía local con la consecuente generación de empleo y, lo hacen, por supuesto, por los altos réditos económicos que obtienen. 

En el campo de la construcción, en toda la ciudad, pero sobre todo en algunos sectores, especialmente hermosos por su ubicación, dotación de servicios públicos, medio ambiente privilegiado y paisaje único, como por ejemplo, en la zona de El Ejido, ubicada entre el río Tomebamba al norte y el Yanuncay al sur, la avenida Loja al oeste y el parque El Paraíso al este, se levantan edificios por doquier, ¡a troche y moche! Muchos de ellos, sin respetar la normativa vigente.  

“Cuenca hermosa de fuentes y flores”

Uno de los espacios urbanos en el río Yanuncay, al sur de la ciudad.

La belleza y el esplendor de la ciudad, no se debe a la proliferación de edificios. Por el contrario, es el resultado de la planificación urbana que concibió el desarrollo de Cuenca, contando con una Ciudad Jardín, ubicada precisamente, en el sector de El Ejido. Las ideas y perspectivas de esa planificación, en gran medida, se respetaron y cumplieron hasta los años dos mil. A partir de esa época, las villas y las casas de residencia de esa zona, están siendo adquiridas para levantar edificios de oficinas y de viviendas.  

Las opiniones sobre esta realidad, como sobre cualquier otro acontecimiento o hecho, son diversas. Muchos se alegran y enorgullecen por el “avance de la urbe” y otros, que comprendemos menos los temas de los negocios y somos más simples y llanos, tenemos miedo del derrotero que nuestra ciudad está tomando y, que lo forjan -en gran medida- empresarios y gente de negocios, algunos de los cuales son foráneos y por esa razón, así pensamos los ingenuos y sin luces, no tienen la perspectiva sentimental de los comarcanos que, cotidianamente, estamos pendientes de cada detalle del pulso de la ciudad… de los eucaliptos que se talan, de las especies nativas que se siembran o del caudal y el color de las aguas de los ríos.

Ese grupo de cuencanos, al cual me sumo, quiere cuidar lo que está bien en la ciudad. Tiene un profundo espíritu de conservación o sentido de preservación de lo existente, en lo que tiene de positivo, y también recelo de que nuestra ciudad, se convierta en algo diferente, a la esencia de lo que nos ha traído hasta el actual nivel de reconocimiento nacional e internacional. 

El desarrollo que no busca la preservación del medio ambiente, puede ser muy redituable para algunos, pero no es sostenible y por eso no podemos permitir que se imponga arrasando lo más precioso de nuestra identidad social, natural y orgánica.

 El Ejido, o la Ciudad Jardín de Cuenca, es tan emblemático y representativo de lo que somos, como lo son el centro histórico, el Parque Nacional Cajas y, en general, el medio ambiente que nos permite ser y proyectarnos de manera sostenida en el tiempo.

Edificios en una de las avenidas de la ciudad de Cuenca también dibujan el paisaje urbano.

La proliferación de construcciones nos desconcierta, y muchas veces escandaliza, porque vemos que, en algunos casos, no se ha respetado estrictamente la normativa y que la transgresión que, afecta definitivamente a lo que se quiere proteger, se instaura inconmovible -como lo es el cemento- y condiciona materialmente, para siempre, el entorno. Las moles habitacionales y comerciales, están tomando el lugar de lo verde y orgánico que, es la esencia de la Ciudad Jardín, planificada por la lucidez de las administraciones municipales del siglo pasado. 

El pago de multas, y otras fruslerías, de la gestión administrativa encargada del cuidado del imperio de la ley para el desarrollo urbano de nuestra ciudad, es la inaceptable y cínica respuesta que esas instancias públicas tienen frente a la agresión al patrimonio cuencano. Ese atajo burocrático, es desleal con lo que es de todos nosotros. Nos ofende y perjudica, pues forma parte de una serie de inaceptables actos de incomprensible permisibilidad, que puede ser el resultado de sospechosos intereses que, la suspicacia ciudadana, los intuye y los rechaza.

El espíritu de Quimsacocha

La Marcha de los Cien mil del 16 de septiembre del año anterior, fue una manifestación ciudadana que permitió evidenciar lo que somos como individuos y como pueblo. Naturalmente, no es la única, ni la última expresión de una esencia marcada por una fuerte identidad cultural que rescata lo ancestral, las tradiciones, el arte, la manufactura, lo artesanal y cuida el agua y preserva el medio ambiente. 

También somos una sociedad conectada con el desarrollo, la producción, la tecnología y que construye su futuro desde el respeto a lo que nos ha permitido llegar a ser lo que actualmente somos. 

Somos comarcanos y también cosmopolitas.

Somos un pueblo con ideas claras. El alma de La Marcha de los Cien mil, que defendió el páramo de Quimsacocha de las tentativas de explotación minera y de los redituables negocios del mal llamado progreso económico como meta exclusiva, es el espíritu de Cuenca que nos define y se manifiesta en cada uno de los aspectos de nuestras vidas. En nuestro acento, en nuestra manera de pensar. 

Es imposible, que esa forma de ser, no se aplique al caso que este texto aborda… al cuidado de la Ciudad Jardín y la búsqueda y construcción de una forma de desarrollo armonioso entre el progreso económico y el mantenimiento de lo que consideramos es valioso.

Si cuidamos el agua y el medio ambiente, también debemos proteger el resplandeciente verdor que es el resultado de la vida orgánica que bulle, en la Ciudad Jardín: plantas, animales y personas, integrados simbióticamente en ese maravilloso espacio socio-ambiental. 

El progreso sostenible

Una ciudad sostenible cuida de su medio ambiente y fortalece sus servicios públicos, buscando mejorar sus niveles de equidad social.

Sin ningún chauvinismo, porque esa posición es indecorosa, podemos afirmar que la ciudad de Cuenca es, en el Ecuador, la que ha alcanzado los mayores niveles de desarrollo sostenible. También a nivel de América del Sur y del planeta.  La referencia inicial de este ensayo, menciona el reconocimiento internacional que por segundo año consecutivo hemos recibido, como la ciudad con mejor calidad de vida de la región. 

Algunas urbes en el mundo han seguido ese mismo camino, con logros importantes: Viena, Copenhague, Zúrich, Vancouver, Singapur y Auckland, entre otras. Todas ellas buscan equilibrio entre el crecimiento moderado de sus poblaciones, con el mantenimiento de una alta calidad de vida. 

Acá, también sabemos que así se hace y, en cierta medida, lo estamos haciendo. Pero debemos hacerlo mucho mejor. Nuestro desarrollo no pasa por la proliferación indiscriminada de edificaciones nuevas, el desaforado turismo o por la explotación minera, sino por el fortalecimiento de la movilidad pública, de la seguridad ciudadana, la prestación de servicios básicos cada vez de mejor calidad y por la búsqueda permanente de mayor equidad social y sostenibilidad ambiental. Ese es el camino.

La belleza y el esplendor de la ciudad, no se debe a la proliferación de edificios. Por el contrario, es el resultado de la planificación urbana que concibió el desarrollo de Cuenca, contando con una Ciudad Jardín, ubicada precisamente, en el sector del El Ejido. Las ideas y perspectivas de esa planificación, en gran medida, se respetaron y cumplieron hasta los años dos mil. A partir de esa época, las villas y las casas de residencia de esa zona, están siendo adquiridas para levantar edificios de oficinas y de viviendas.  

Dr. Juan Morales Ordóñez

Dr. Juan Morales Ordóñez