Cuidado con la FIFA. La organización está a la caza de quienes se atrevan a romper sus “reglas” y transmitan los partidos sin licencia: si bares o restaurantes osan pasar los encuentros del certamen y son descubiertos, podrían afrontar sanciones de hasta 50.000 dólares, mientras que las plataformas de streaming que violen esta disposición llegarían a pagar hasta 100.000 dólares.
La evidente codicia y celo

El inicio del torneo ha estado marcado por protestas en México y Estados Unidos. / Imagen generada con apoyo de IA.
La noticia surgió esta semana y cayó muy mal en la comunidad futbolística mundial por la evidente codicia y celo ante los millonarios derechos de televisión que el rector del balompié firma con diversas empresas de los cinco continentes, todo ello en medio de las protestas en México y Estados Unidos por el regreso a un sistema público de pensiones y mejoras en condiciones laborales de los maestros mexicanos, la desigualdad social que el Mundial ensombrece, las redadas a los migrantes en suelo norteamericano, el alto costo de las entradas, entre otros temas.
Ver fútbol de forma gratuita, sin un sinfín de restricciones de todo tipo, se ha convertido en una utopía, especialmente para los sectores más pobres de la población mundial. Si no tienes dinero, no ves es el fútbol.
“O pagas o no ves el Mundial”. O pagas o no tienes derecho a relajarte un rato con el deporte más lindo del mundo. Un apasionante torneo que en estos tiempos sombríos que atraviesan el planeta y mucha gente a causa de las guerras, el desempleo, la migración y la incertidumbre, resulta un verdadero bálsamo.
Según cifras proporcionadas por la propia organización -es imposible conocer los ingresos reales al tratarse de un ente privado-, en 2025 la FIFA reportó 2.661 millones de dólares en ingresos y estima recaudar 13.000 millones de dólares por el Mundial en rubros como derechos de televisión y streaming, patrocinios y marketing, entradas y hospitalidad, licencias y otros ingresos de naturaleza comercial, en lo que constituye la cita ecuménica más rentable de la historia.
¿Ahora se entiende mejor la urgencia de inflar el torneo incrementando de 32 a 48 selecciones, con una rara fase adicional, los dieciseisavos de final, y nada menos que 104 partidos? La ecuación es simple si se repara en una de las múltiples aristas de ingresos: más partidos, más boletos vendidos a precios exagerados, más dinero por concepto de entradas, derechos de televisión, streaming, publicidad, etc. Todo un juego vicioso y, a la vez, “virtuoso”, para la FIFA, obviamente, en su muy amoroso vínculo con el dinero.
Millones de dólares en streaming y TV

Los millonarios montos que se manejan alrededor del certamen contrastan con la desigualdad social en México y América Latina. / Imagen generada con apoyo de IA.
Solo por derechos de televisión y streaming se embolsará unos 5.300 millones de dólares, además de las multas que ya anunció a manera de velada amenaza para quien se atreva a meterse con sus bolsillos repletos de dinero. Pero la codicia no conoce límites ni saciedad, más bien se define por su apetito insaciable y su voracidad.
Pero el ejemplo con el que se ha iniciado este artículo es apenas eso: un ejemplo, un solo pero meridiano ejemplo de que a la FIFA le importa todo, menos la felicidad del pueblo. Le importa, sí, y mucho, hacerse cada día más millonaria -el “amor al dios dinero” en su expresión más clara-, legitimar su enriquecimiento a costa del bolsillo de quienes menos tienen y, algo quizá peor, estrechar manos y fortalecer vínculos con los presidentes de los países más poderosos del mundo bajo la sombra de oscuros acuerdos que, a su vez, les resultan funcionales en sus afanes de incrementar su popularidad ante los ciudadanos. En castellano: el fútbol como estrategia política para aumentar los niveles de popularidad.
La candidatura de Estados Unidos para el Mundial 2026 fue promovida por Donald Trump durante su primer periodo, entre 2017 y 2021, y hoy disfruta de ser el principal anfitrión del torneo, pues albergará 78 de los 104 partidos en 11 de sus ciudades. Pero no se sabe si el presidente del país más poderoso del mundo estará tan feliz en estos momentos al ver que su popularidad ha caído en las últimas semanas tras la imposibilidad de imponerse a la resistente Irán en una guerra que ya suma 15 semanas sin perspectivas de final. Trump trata de eclipsar su actual crisis de imagen subiéndose a las tarimas para vanagloriarse, siempre acompañado de su infaltable e insoportable sarcasmo e ironía.
Beneficiados de la amistad con la FIFA
El presidente ruso Vladimir Putin y el jeque catarí Mohammed bin Hamad bin Khalifa Al-Thani también se beneficiaron de su “amistad con la FIFA” mediante la organización, o designación “a dedo”, de los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, en lo que significaron dos de los casos más cínicos y evidentes de que el fútbol y el Mundial responden a intereses económicos y políticos. Hay que recordar una paradoja en este contexto: la FIFA tiene expresamente prohibido a los gobiernos entrometerse en las federaciones nacionales de fútbol por considerar aberrante cualquier vínculo o injerencia entre estos dos universos.
Después de confirmar esas sedes, surgieron ante la opinión pública denuncias, testimonios, investigaciones periodísticas, acusaciones judiciales y anomalías que condujeron a periodistas, investigadores y exdirigentes a cuestionar con dureza la legitimidad de esos procesos.
Ante las acusaciones, la propia FIFA solicitó una investigación independiente a la Fiscalía estadounidense sobre el caso, denominado “Informe García”, un documento cuando menos manipulado y carente de toda la verdad al respecto.
El ente rector del fútbol publicó un resumen de 42 páginas en lugar del informe completo y este fue definido como una serie de “representaciones materialmente incompletas y erróneas”. Ello resultó peor para la organización, dado que los medios de comunicación coincidieron en que el documento más bien profundizó las sospechas sobre las mañas de la FIFA.
Los dedos apuntan contra Qatar

La FIFA recibirá millonarios ingresos en diversos rubros. / Imagen generada con apoyo de IA
Antes, en 2011, se había filtrado un correo atribuido al entonces secretario general de la FIFA, Jérôme Valcke, que sugería que Qatar había utilizado su enorme capacidad financiera para asegurar apoyos. La acusación se centró en que los cataríes presuntamente “pagaron” a presidentes de federaciones para que les dieran su voto al momento de calificar las candidaturas y elegir al ganador.
The Sunday Times investigó de forma minuciosa el caso y, de acuerdo con sus principales revelaciones, Mohamed Bin Hammam, exdirigente catarí de la FIFA, habría canalizado millones de dólares para influir en dirigentes del fútbol africano y otros votantes. Las acusaciones fueron negadas por Qatar y nunca produjeron una anulación de la sede, pero alimentaron el escándalo mundial.
Algo similar sucedió con el Mundial de Rusia 2018. Las acusaciones se tejieron en torno a una narrativa similar a la de Qatar 2022. Durante las investigaciones realizadas por organizaciones y medios de comunicación se halló que Rusia destruyó computadoras utilizadas en la candidatura para ocultar información reveladora, lo que impidió revisar una parte importante de la evidencia documental. En cualquier investigación seria, la desaparición de evidencia genera sospechas.
Decir a estas alturas que el fútbol es puro, limpio, un remanso para el alma de las masas, que el Mundial da alegría sin esperar algo a cambio, es cuando menos una descarriada falacia, una creencia que los propios dirigentes de la FIFA y su voracidad han logrado destruir.
El fútbol, y más aún el Mundial, se ha convertido en una estrategia para legitimar el enriquecimiento, en un señuelo para desviar la atención de un mundo que arde entre guerras, desigualdad y pobreza. Y, lo que puede ser más perverso, para legitimar ciertos gobiernos que claramente no respetan los derechos humanos ni conocen o sienten lo que es la sensibilidad social.
El inolvidable FIFA Gate
En este ámbito resultaría una omisión no citar el emblemático caso del FIFA Gate, el escándalo más grande en la historia del fútbol y que puso bajo la crítica y el escrutinio mundial las prácticas poco éticas, o más bien corruptas, de la FIFA.
La trama y los amarres entre dirigentes de la FIFA se destaparon el 27 de mayo de 2015 cuando la policía suiza, en coordinación con autoridades de Estados Unidos, arrestó a varios altos dirigentes de la FIFA en Zúrich dos días antes de la elección presidencial de la organización.
Según informes de medios de comunicación como el británico The Guardian y el francés Le Monde, se pagaron al menos 150 millones de dólares en sobornos y comisiones ilegales, identificados inicialmente por fiscales estadounidenses, en una trama que se forjó durante cerca de 24 años, entre 1991 y 2015.
Se reveló que al menos 110 millones de dólares estaban vinculados a derechos comerciales de la Copa América y la Copa América Centenario y, posteriormente, la FIFA recibió 201 millones de dólares en restitución ordenada por la justicia estadounidense como compensación por los fondos desviados por exdirigentes corruptos.
Los principales cargos fueron asociación ilícita, fraude electrónico, lavado de dinero, soborno y conspiración criminal internacional; asuntos nefastos que nada tienen que ver con el fútbol y que, a la vez, hablan claramente de una organización insensible que adora el dinero y el poder por encima de todas las cosas.
Catorce personas fueron acusadas inicialmente en mayo de 2015, entre ellas nueve altos dirigentes de la FIFA y cinco ejecutivos de empresas de marketing deportivo, mientras que siete dirigentes fueron arrestados en Zúrich cuando se preparaban para asistir al Congreso de la FIFA.
Ello derivó en acusaciones, condenas y cárcel para dirigentes reconocidos en la historia del fútbol sudamericano, los llamados “dinosaurios” de la Conmebol, como Eugenio Figueredo, presidente de la Conmebol entre 2013 y 2014, vicepresidente de la FIFA y arrestado en Suiza; José Maria Marin, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, declarado culpable por corrupción en Estados Unidos; y Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino durante 35 años, vicepresidente sénior de la FIFA y señalado como beneficiario de sobornos según diversos testimonios, entre otros dirigentes y empresarios del fútbol detenidos.
Si bien las acusaciones jamás derivaron en implicaciones penales directas para él, el entonces presidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, renunció a su cargo.
Apoyos
- La FIFA proyecta ingresos de hasta USD 13.000 millones en diversos rubros durante el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos 2026, la cifra más alta en la historia de este torneo.
- La Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) movilizó a cerca de 20.000 maestros en México, principalmente para exigir cambios en las leyes, mejores pensiones y aumentos salariales.
- En los días previos y durante la inauguración del Mundial, ciudadanos marcharon en México denunciando que el Gobierno prioriza la imagen internacional y el deporte antes que la búsqueda de las 135.000 personas desaparecidas que registra actualmente el país.












