Cada 8 de marzo recordamos que la lucha de las mujeres no ocurre en abstracto: ocurre en un mundo atravesado por guerras, crisis económicas y disputas de poder. La escalada entre Estados Unidos e Irán lo confirma: los conflictos geopolíticos tienen rostros concretos, los de mujeres, niñas y poblaciones vulnerables que pagan el costo más alto.
Cuando estalla la guerra aumentan la violencia sexual, el desplazamiento forzado, la trata, los matrimonios tempranos y la sobrecarga de cuidados. Los sistemas de salud colapsan, se corta el acceso a salud sexual y reproductiva y la pobreza se profundiza.
Y aunque sea lejos, nos golpea aquí. La inestabilidad en Medio Oriente presiona al alza el petróleo, encarece transporte y alimentos, y agrava la inflación. En Ecuador, donde muchas mujeres sostienen hogares con ingresos precarios, cada subida del costo de vida se traduce en más trabajo invisible, más deuda y más angustia.
Además, la guerra desvía fondos globales que deberían ir a derechos, igualdad, clima y paz, y alimenta discursos autoritarios que atacan nuestros cuerpos y libertades. Este 8M, desde Ecuador y América Latina, levantamos una consigna clara: rechazar la escalada bélica y defender la paz. Sin paz no hay estabilidad; sin estabilidad no hay vida digna para las mujeres. (O)
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