Hay excelentes noticias para los que anhelamos recuperar la tranquilidad y seguridad en nuestro territorio. El ministro del Interior, John Reimberg y el ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo junto al gran bloque de seguridad que han conformado con la Policía Nacional y el Ejército se juegan sus vidas a diario enfrentando al crimen organizado y desmantelando sus estructuras por nuestra defensa y seguridad.
Para arrimar el hombro en esta guerra interna y, por primera vez, el FBI abrió una oficina permanente en la Embajada Norteamericana en Quito desde la cual va a coordinar actividades con el Estado para tratar temas de seguridad y combatir a los narcoterroristas que ponen en peligro constantemente la vida de los ecuatorianos. Hay algunos que hablan, y luego piensan, que han dicho que se está violando la soberanía del país; que el pueblo, en su mayoría, votó en contra de que se instalen bases militares extranjeras. Pero no dijo que NO a las alianzas con otros países que nos ayudarán a combatir al narcotráfico.
El ministro Reimberg afirmó que la cooperación se desarrolla con pleno respeto a la soberanía del Ecuador y al principio de no intervención. Lo relevante aquí es que Noboa no se quedó de brazos cruzados después de los resultados de la Consulta. Se empeñó en buscar otra salida y solicitó ayuda a EE.UU. Es evidente que nosotros por nuestra cuenta no podemos derrotar al crimen organizado transnacional.
Por ese motivo, el pasado 7 de marzo, Trump propuso formar el Escudo de las Américas y estableció la Coalición Anticartel de las Américas que compromete a las naciones participantes a coordinar esfuerzos militares y policiales para reprimir a los carteles de la droga.
Por alguna razón, a los correístas no les interesa que el caos, la delincuencia y el narcotráfico se terminen. Pero nosotros sí aplaudimos que el FBI se haya afincado en el país para ayudarnos, a través de su vasta experiencia, a defender nuestro territorio y neutralizar con mayor rapidez al crimen organizado. Espero que en un futuro no muy lejano volvamos a llamar al Ecuador lo que era: una isla de paz.
Para los ecuatorianos de bien es una gran noticia que el FBI esté en territorio nacional; para los enemigos del pueblo, los correístas y sus acólitos, es un pésimo anuncio porque se les acaba la fiesta, el robo, el tráfico de droga y los negocios ilícitos. (O)





