El positivismo filosófico, fue una corriente de pensamiento desarrollada en los siglos XIX y XX. Esta corriente propuso abordar el tratamiento de la realidad histórica y social, de manera objetiva y sin interpretaciones ideológicas o metafísicas.
El afán de emular la rigurosidad de las ciencias objetivas, fue determinante en el desarrollo de algunas de las más importantes contribuciones teóricas de las ciencias sociales. Estas contribuciones están destinadas a la comprensión del funcionamiento de la realidad humana. Por otra parte, el método inductivo, que implica observación y verificación de los fenómenos estudiados para llegar a conclusiones generales, es uno de los elementos más importantes en los enfoques positivistas.
Menciono, a modo de ejemplo, dos de las grandes corrientes de pensamiento social que se gestaron en el siglo XIX. Estas corrientes tuvieron repercusión generalizada en el desarrollo de las ciencias sociales del siglo XX: el psicoanálisis de Freud y el materialismo histórico de Marx. Las dos ramas de reflexión, análisis y propuesta, estuvieron influenciadas por el positivismo racional planteado por Auguste Comte.

Auguste Comte, pensador francés (1798 – 1859), es considerado el padre de la filosofía positivista
La ascendencia de los dos intelectuales mencionados: Freud y Marx, fue tan decisiva, que el pensamiento de académicos tan importantes como Jung o Adler, fue identificado como neo freudiano. Igualmente, el de Marcuse, Habermas y otros pensadores de la Escuela de Frankfurt, como neo marxistas. Todos ellos y todos los otros, desde sus propuestas teóricas, han contribuido para que la comprensión contemporánea de cómo son las cosas en la realidad social, asumida como válida por la opinión pública y no solamente por los medios académicos, sea la que es. Además, la población, considerada como amplio grupo, recibe la influencia del pensamiento de las ciencias sociales y lo hace suyo. Sin embargo, no necesariamente está consciente de ello.
No podríamos entender a los movimientos sociales actuales, como los de género, los antirracistas o los decoloniales, sin relacionarlos con el pensamiento psicoanalítico y marxista, que es el lugar en el cual se encuentran sus fuentes cercanas. Tampoco podríamos comprender las acciones antiglobalización, obreras, sindicales, indigenistas y campesinas, sin considerar su relación con la doctrina marxista. Esta doctrina se encuentra como uno de sus principales fundamentos teóricos. Por otra parte, el análisis académico-científico de lo social, está en los orígenes de muchos de los conceptos culturales actuales que se asumen como correctos y que por eso son defendidos.
Nada se genera ni es, sin tener relación con referentes previos que, al ser evidenciados permiten una adecuada comprensión de las cosas, del presente y de la historia. Uno de los antecedentes del pensamiento colectivo actual, en este caso del criterio sobre las formas sociales y su función en los sistemas de convivencia, es el que proviene de los análisis y propuestas de las ciencias sociales.
Las ciencias sociales

Sigmund Freud, (1856 – 1939), una de las personalidades intelectuales más importantes del siglo XX, fundador de la escuela del psicoanálisis
Se fundamentan en la pretensión de objetividad de sus enfoques y en la rigurosidad racional del tratamiento de sus contenidos. Pretenden ser descripciones concretas de sus objetos de estudio, evitando la especulación y las propuestas de explicación infundadas. Están imbuidas de su afán de comprensión crítica de la acción humana en sociedad.
Proponen, como método, el debate permanente de sus planteamientos, para que el sentido de sus asertos sea cuestionado y pueda evolucionar. Así contribuyen a la transformación social, al mejoramiento de las condiciones de vida y, por supuesto, a la sostenibilidad.
Una de las importantes diferencias de las ciencias sociales con las ciencias objetivas, es su pretensión declarada, de interpretar y comprender los fenómenos sociales que se producen en todos los ámbitos: políticos, económicos o culturales. Este elemento, la interpretación de los datos, consustancial a la investigación social, puede ser el que, en ocasiones o siempre, determine que lo que se plantea en economía, historia o sociología, adquiera matices propios a la subjetividad de quien lo propone. Por supuesto, esto también depende de quien lo conoce y asume.
Esta evidencia, contribuye grandemente a que los datos con los que trabajan las ciencias sociales, al ser interpretados o dotados de sentido por parte del investigador, puedan servir a un fin u otro. Sin embargo, no es posible defender la pureza de sus objetivos y conclusiones… las ciencias sociales no son exactas porque la humanidad tampoco lo es y ésta es, en definitiva, su objeto de estudio.
Las ciencias objetivas, por el contrario, no pretenden interpretar la materia y su funcionamiento. Solamente describen con rigor su realidad y articulación. No se emiten juicios de valor sobre cómo funciona el átomo y las relaciones que se dan entre sus partes. La ciencia objetiva describe. Las ciencias sociales también lo hacen, pero no pueden evitar interpretar y en ocasiones prescribir, esto es plantear como debe ser la realidad.
Las ciencias sociales, desde su rigor metodológico y también desde la interpretación de los datos con los que trabajan, son uno de los fundamentos de la opinión pública popular respecto a cómo funcionan las cosas en sociedad. Ya mencioné la relación de los enfoques sociales contemporáneos, de nosotros la gente común, con el psicoanálisis y el materialismo histórico.
Muchos otros aspectos de lo que pensamos, tienen también que ver con los aportes propuestos por las ciencias sociales. Por ejemplo, los conceptos de democracia, desigualdad, estructura social, mercado y muchos más. Por otro lado, las ciencias sociales explican cómo funcionan las cosas. Lo hacen tomando en consideración la complejidad de lo humano que, a diferencia de lo puramente objetivo de la materia, involucra una serie de elementos que no son solamente objetivos. Además, dichos aspectos forman parte del mundo espiritual, metafísico y cultural de los pueblos.
Fortalecimiento de la investigación

Carlos Marx, (1818 – 1883), filósofo socialista y activista revolucionario
Por todo lo dicho, es muy importante que la investigación en ciencias sociales se incremente y consolide. Debe hacerlo como una actividad que permita la comprensión crítica de la realidad por parte de la gente. Esto a largo plazo. Igualmente, en la inmediatez, sirva para la toma de decisiones políticas que tienen que ver con la vida de todos nosotros. Porque si la gestión de lo público no tiene sustento en información verificada y seria, lo que prima es la improvisación y, sobre todo, intereses que no son de la colectividad. Esos intereses, sin embargo, son justificados como tales, por la demagogia de los políticos, que es fácilmente asumida como verdadera por una sociedad no educada y sin otros referentes que la verborrea y el engaño.
Las universidades, especialmente, y otros centros académicos, deben potenciar su acción en la investigación y vinculación con la sociedad, además de difundir los resultados de esas acciones internas que involucran a profesores-investigadores, personal de apoyo, estudiantes y que se relacionan con la realidad de ciudadanos de los diferentes ámbitos sociales del país. Considero que, en algunas universidades, hay un trabajo sostenido y eficiente.
Es preciso que la investigación sea pertinente y no solamente se busque, a través de espurios procesos de pseudo investigación, los puntajes que sirvan para los cuestionados sistemas de acreditación. Estos sistemas alimentan el mercado de los ránquines académicos. ¡Banalidad de banalidades! (O)
No podríamos entender a los movimientos sociales actuales, como los de género, los antirracistas o los decoloniales, sin relacionarlos con el pensamiento psicoanalítico y marxista, que es el lugar en el cual se encuentran sus fuentes cercanas.
Tampoco podríamos comprender las acciones antiglobalización, obreras, sindicales, indigenistas y campesinas, sin considerar su relación con la doctrina marxista que se encuentra como uno de sus principales fundamentos teóricos.
Por: Juan Morales Ordóñez
Especial para El Mercurio










