Cuando las vías, no importa la entidad bajo la cual está su responsabilidad, no están expeditas al tránsito vehicular, hay pérdidas económicas, incluso las derivadas por la pérdida de tiempo.
Días atrás, el fuerte invierno causó derrumbes de toda magnitud en la vía Cuenca-Girón-Pasaje. Incluso socavones que destruyeron la mitad de calzada.
Eso motivó la activación del Ministerio de Infraestructura y Transporte; igual el apoyo directo de algunos municipios y de la prefectura, cuyos equipos camineros fueron puestos al servicio para atender la emergencia.
El tiempo pasa. Las lluvias escasean; pero los derrumbes, con algunas excepciones, no se limpian. Siguen allí, endureciéndose, entorpeciendo el tránsito vehicular. Son un peligro.
Quienes van y vienen por aquella vía son testigos de esa realidad. Y no es para menos su enojo. Tampoco debe molestar las preguntas que hacen, en este caso al MIT, sobre si no tendrá la maquinaria mínima para proceder con la limpieza; o hacerlo contratando a terceros.
Si bien no será algo tan simple, pero tampoco es aceptable tanta dejadez e indolencia.
Con la misma celeridad con la cual el sábado anterior se abrió la vía a la altura del sector Pachamama (Km 100) tras un derrumbe que lo taponó íntegramente, debe o debió actuarse en los tramos comprendidos entre Cuenca, Girón y Santa Isabel.
Usuarios de esa vía increpan a los alcaldes, a la prefectura, por no hacerlo; pero la responsabilidad es del Ministerio de Infraestructura cuya atención en casos como los citados suele ser intermitente, llegando incluso al abuso de la paciencia ciudadana.
A propósito de esa carretera intraprovincial, igual vale sentir escozor al no saber cuándo, ni se hará mismo la tan anunciada rehabilitación, por ahora, como ayer, a merced de estudios, de estudios que se ignora si en verdad se están haciendo en serio, o no pasan de ser anuncios y conjeturas. ¿Será que los transparenten?










