En los países latinoamericanos, el debate entre conservación e innovación es un tema que no se aborda a cabalidad. Pero es hora de mirar que, así como en otras ciudades Patrimonio de la humanidad, en la ciudad de Cuenca ya se tienen claras muestras de restauraciones arquitectónicas más bien sustentadas en la rentabilidad, aspecto que está perjudicado en grande a los edificios históricos. Si bien en otras geografías se plantean problemas conceptuales, metodológicos y disciplinares, de los cuales se puede nutrir el acervo de conocimientos propio, acá se prefiere soslayar. Muchos incluidos los expertos locales por supuesto, aún parten de un objetivo común que es el de intervenir de la manera más eficaz para garantizar la salvaguardia de la identidad del edificio, no obstante, el desarrollo inmobiliario les supera ostensiblemente. Es importante considerar que, todos los profesionales actuales de la restauración de patrimonio edificado como principio y, de manera incuestionable, deberían defender la integridad del monumento, en coherencia con su profesión y en defensa de autenticidad inalienable del bien cultural. Es decir que, se debería buscar la continuidad de la obra arquitectónica, no sólo en cuanto a sus elementos estructurales, constructivos y ornamentales, sino también en lo que se refiere a sus componentes adheridos o exentos pero concebidos en origen para formar parte del edificio, como elementos asociados, esculturas o piezas semejantes planificadas para rescatar su iconografía o cualquier otro símbolo que explique el conjunto. Considerando luego que, todo elemento contemporáneo que se inserte, deberá ser respetuoso del espacio patrimonial y tendrá que tener un carácter reversible o ser removible. Asunto para las instituciones responsables. (O)









