Con seguridad, los ecuatorianos se preguntarán: tras el fin del toque de queda, previsto para este martes, ¿qué viene luego?
El gobierno tiene la obligación de informar los resultados logrados en estas dos semanas en la cuales cuatro provincias permanecieron en toque de queda.
Claro que día a día los medios de comunicación dieron cuenta de los operativos, pero siempre basados en los informes tamizados por el gobierno, en varios casos, sin el contexto necesario.
Así, se supo sobre la detención de varios delincuentes, la mayoría con antecedentes penales. Habrá que ver su suerte cuando comparezcan ante el juez. O son procesados, o dejados en libertad.
Entre aquellos, cuenta uno que otro delincuente de “mediano valor” o de “alto valor”; también, según la Policía, de algunos sicarios, de extorsionadores, de algunos miembros de bandas dedicadas al asalto, al secuestro, al robo de vehículos.
Igual, sobre la incautación de drogas, de armas de fuego, la quema de casuchas destinadas como guaridas de antisociales, más la destrucción de campamentos de minería ilegal.
La evaluación que hará el gobierno, como los ciudadanos, o los entendidos en materia de seguridad y hasta los políticos, será variopinta y, por consiguiente, polémica.
Según la vocería oficial, en las provincias sometidas al toque de queda bajó el índice de violencia.
Pero lo lógico es que así ocurra, aunque no por eso en las “horas libres” la delincuencia organizada dejó de operar.
Además, las estructuras criminales, encabezadas por el narcotráfico, siguen intocables, con todas sus cadenas intactas, incluyendo las políticas, las de lavado de dinero y demás intermediarios.
Una ciudadanía temerosa, que hasta cierto punto aprendió a convivir con la violencia, pensaría que en los días posteriores al final de toque de queda, sobrevivirá en calma. ¿Será así?
El gobierno tiene la palabra; pero solo pensar que ahora hay 48 grupos criminales, ya no solo 22, causa escalofrío.







