Frank Illing llegó a Cuenca el 27 de febrero de 1993, sin saber que ese día marcaría el inicio de una nueva vida. Su llegada no fue solo un viaje; fue un descubrimiento profundo que cambiaría su destino. Cuenca, una ciudad llena de historia y tradición, lo acogió con los brazos abiertos, y él comenzó a vivir una historia única que involucraría su amor por la cultura local, la gastronomía y, por supuesto, el Café Austria.
De Baviera a Cuenca: un viaje de transformación
Frank Illing, originario de Würzburg (Alemania), llegó a Ecuador tras haber pasado por Quito en preparación con la cooperación alemana. Aunque el país era completamente diferente a lo que conocía en Baviera, algo en Cuenca le atrajo profundamente. Sin internet ni muchas referencias, una guía turística comprada en Berlín fue su único mapa hacia esta ciudad, y su curiosidad lo llevó a explorar más allá de lo evidente.
Mónica Lemus, su esposa, recuerda cómo Frank llegó a Cuenca con una actitud optimista y decidida, sin miedo, solo con la emoción de lo desconocido. «No llegó con miedo. Llegó contento», comenta Mónica, quien más tarde sería su compañera en la vida y en el negocio que transformaría a Cuenca para siempre.
Café Austria, un Lugar con historia y carácter
El Café Austria se convirtió en el corazón del proyecto de Frank en Cuenca. Desde antes de ser propietario, Frank ya frecuentaba este lugar lleno de historia y con un ambiente europeo único en medio del centro de Cuenca. Su anterior dueña, Heidi Aichholzer, había creado un espacio que se convirtió en un punto de encuentro para los cuencanos, donde el tiempo parecía detenerse.
En 2003, Frank decidió adquirir el Café Austria, no solo como una inversión comercial, sino como una elección emocional, al sentirse conectado con Austria, país vecino de su natal Baviera. Aunque algunos clientes se sorprendieran al descubrir que no era un austríaco, sino un alemán con acento ya fusionado con el ecuatoriano, el nombre y el espíritu del lugar no cambiaron.
El apoyo incondicional de una mujer visionaria
Mónica Lemus fue parte fundamental de la historia del Café Austria. Su camino en el negocio comenzó como mesera en el Wunderbar, antes de unirse de lleno al Café Austria. Como madre de cuatro hijos y esposa de Frank, Mónica se convirtió en el pilar silencioso del negocio. Juntos, enfrentaron las diferencias culturales y las pruebas de la vida, pero también compartieron una visión común para hacer crecer el café hasta convertirse en un símbolo de la ciudad.
Un Café que celebra la vida, Identidad y cultura local

El área de cocina del Café Austria muestra el trabajo diario detrás de cada plato, donde dedicación, tradición y cuidado convierten cada preparación en una experiencia cercana. / Xavier Caivinagua A.
El Café Austria ha crecido con el paso de los años, pero siempre ha mantenido su esencia: un espacio donde no solo se sirve café, sino que se celebran momentos importantes de la vida. Según Diana Loja, una de las encargadas de la cocina, el Café Austria tiene algo especial: “Aquí no solo se sirve café, se celebran cumpleaños, se escuchan promesas, se ensayan declaraciones de amor”. La comida, hecha con cariño, es el alma de un lugar que se ha convertido en mucho más que un café: es un refugio donde lo cotidiano cobra otro ritmo.
Un nuevo capítulo para el Café Austria
En 2014, el Café Austria dio un paso crucial en su historia. La mudanza del local original en la calle Benigno Malo a la nueva sede en la intersección de las calles Hermano Miguel y Bolívar no fue una despedida triste, sino el inicio de una nueva etapa. La nueva ubicación, con paredes de adobe y techos altos, le dio al café una calidez única que atrajo a nuevos y antiguos clientes.
El Café Austria se consolidó como un espacio donde la gente no solo disfruta del café, sino que también se siente parte de una comunidad que celebra la vida a su propio ritmo.
Quedarse fue una elección de vida
Frank nunca sintió que hubo un momento exacto en el que decidió quedarse en Cuenca. Fue un proceso gradual, un proceso en el que cada año hacía más difícil la idea de regresar a Alemania. «Aquí encontré suerte», dice Frank, refiriéndose a esa sensación de haber encontrado su lugar en el mundo, un lugar construido con decisiones pequeñas pero persistentes.
Hoy, a los 65 años, Frank considera bajar el ritmo y quizás vender el Wunderbar, pero el Café Austria sigue siendo una extensión de su propia historia. Cuenca, su gente y su cultura se han entrelazado con su vida, y ya no hay distinción entre origen y destino.
Frank mira a Cuenca con la mirada de quien ha encontrado su verdadero hogar. «Quiero quedarme aquí para siempre», dice con claridad, con la misma certeza con la que llegó aquel día de su cumpleaños. El Café Austria es ahora una parte integral de Cuenca, un lugar donde las historias se cuentan en cada taza de café, y donde la gente sigue volviendo sin saber exactamente por qué. (I)
Los clientes de toda una vida

En el Café Austria, clientes de toda la vida se reúnen cada mañana para leer la prensa y conversar, manteniendo viva una tradición de amistad y pensamiento. / Xavier Caivinagua A.
Jaime Cuesta, Remigio Vélez, Napo Ávila, Jorge Carpio, Luis Cuesta, Claudio Quevedo y Bernardo Montesinos son algunos de los clientes frecuentes de la Cafetería Austria, un espacio de encuentro donde se forjan amistades duraderas. La mayoría de estos amigos son jubilados, aunque no faltan las visitas de jóvenes, quienes se suman al grupo de lunes a viernes, desde las 10:00 hasta pasadas las 12:00.
Un ritual matutino lleno de conversación y reflexión
Cada mañana, el ritual comienza con la lectura del diario El Mercurio, que siempre está presente en la mesa. Después de este inicio, las largas conversaciones fluyen naturalmente, tocando temas de política, economía, deportes y la actualidad local. El grupo se dedica a recordar cambios de gobierno, analizar la coyuntura política y debatir diferentes puntos de vista, siempre con respeto mutuo.
Jaime Cuesta, uno de los miembros más activos, destaca que el ambiente de la Cafetería Austria les brinda tranquilidad, música y un espacio de paz. «Nos sentimos psicológicamente bien», comenta Cuesta, quien valora profundamente este tiempo compartido.
La Cafetería Austria como un espacio de amistad y pensamiento crítico
Para Remigio Vélez, la Cafetería Austria es mucho más que un simple café. Lo considera un lugar de amistad y pensamiento crítico, donde las discusiones y anécdotas no solo sirven para reflexionar, sino también para fortalecer la hermandad que han construido durante más de una década.
A través de años de conversaciones y encuentros, este grupo ha logrado mantener su vínculo y seguir viviendo esta etapa de la vida con una fuerte conexión. «Nos sentimos como una familia», aseguran, y con este espíritu siguen siendo parte esencial de la Cafetería Austria, un punto de encuentro que sigue uniendo generaciones. (I)
Datos de interés
- 65 años es la edad actual de Frank Illing, etapa en la que considera bajar el ritmo de trabajo mientras mantiene su vínculo con el Café Austria, ubicado en el Centro Histórico.
- Frank Illing llegó a Cuenca el 27 de febrero de 1993 sin conocer su destino, con curiosidad y alegría, iniciando una historia personal ligada al Café Austria y a la ciudad.
- Un grupo de amigos jubilados se reúne de lunes a viernes en Café Austria para leer El Mercurio y debatir sobre política y actualidad, fortaleciendo una amistad de más de una década.












