Para miles de cuencanos es el “Suco del Cenáculo”. Para su familia, es Felipe Eugenio Galán, un hombre de caminatas diarias por el Centro Histórico.
Cabello rubio, barba, pantalones de casimir, leva y durante muchos años, botas de caucho, aunque hoy las ha cambiado por zapatos deportivos amplios debido a deformaciones derivadas de la artrosis en sus pies.
Desde niño tuvo preferencia por vestir saco y camisa. “Le encanta vestirse elegante”, comenta su hermana Narcisa de Jesús.
Nacido el 16 de mayo de 1964, Felipe es el mayor de cinco hermanos y es hijo de Blanca Victoria Galán, quien fue madre soltera, aunque después se casó y tuvo cuatro hijos: Narcisa de Jesús, María Leonor, Hernán y Pedro Quito.
Infancia
Durante su infancia, Felipe vivió con sus abuelos, Manuel Galán y Leonor Sánchez, en el sector de la González Suárez, cerca del Cementerio Municipal.
La familia vendía canguil, chispiolas y chifles en iglesias y plazas. Felipe ayudaba empujando las carretas de venta. Parte de esos recorridos terminaban en la Iglesia del Santo Cenáculo, lugar al que debe el apodo con el que hoy la ciudad lo identifica.
La rutina de recoger basura comenzó en la niñez, cuando su madre le enseñó a separar botellas de vidrio, papeles y recipientes reutilizables, en una época en la que gran parte de los productos se comercializaban en envases retornables
“Ahí aprendió a recoger y seleccionar y con el tiempo empezó a hacerlo también en las calles. Cuando encuentra basura en las veredas también la recoge y la trae para que lleve el camión recolector”, relata su hermana.
Aunque pasa horas manipulando desperdicios, mantiene hábitos de higiene. Cuando está en la calle siempre lleva una botella con agua para lavarse las manos antes de comer.
A Felipe no le gusta el ruido y evita el contacto con grupos grandes de personas.
Su hermano Pedro, con quien vive actualmente desde que su madre murió el 11 de enero de 2020, recuerda que, le decían el Suco del Avión, el Suco de las Iglesias y después el Suco del Cenáculo.
“Cuando tenía 12 años hacía aviones de papel y también con palos de helado. Otros niños intentaban quitárselos y desde entonces empezó a apartarse de ellos. Mucha gente también lo recuerda porque entraba a las misas durante la colecta y pedía limosna. A algunos sacerdotes no les gustaba y lo sacaban”, cuenta Pedro.
Rutina
Además de las iglesias, Felipe frecuenta plazas y parques donde alimenta palomas y comparte comida con o gatos perros callejeros. Cuando recibe dinero compra galletas de coco, pan, refrescos, espumilla o canguil.
Sus familiares señalan que Felipe presenta rasgos asociados al espectro autista, condición que no fue tratada durante su infancia y que limitó el desarrollo del habla. Palabras como “agua”, “mamá” o “chao” forman parte de su vocabulario.
Pese a ello, desarrolló una notable capacidad de orientación y memoria para movilizarse por la ciudad. Aprendió las rutas de buses urbanos desde la época en que únicamente operaban las empresas Tomebamba y 12 de Abril.
Alrededor de las 07:00, Felipe sale de su casa ubicada en Miraflores. Camina hasta la parada, toma un bus hacia el centro y comienza el recorrido por el Parque Calderón, San Francisco, Santo Domingo, el Cenáculo, María Auxiliadora y sitios aledaños.
En el trayecto recoge basura de las calles, amarra fundas para evitar que los desperdicios se desparramen.
“A él no le gusta estar encerrado. En pandemia sufrió muchísimo porque estaba acostumbrado a recorrer la ciudad”, recuerda Narcisa.
Actualmente padece presión alta y camina más encorvado que antes, pero mantiene la necesidad de salir cada mañana hacia el Centro Histórico con la misión de recolectar la basura que se encuentra.
Felipe Eugenio Galán es un personaje icónico de Cuenca y puede ser comparado con otros históricos como ‘El Atacocos’, ‘María, la guagua’, ‘Suco de la Guerra’, ‘Carlitos, de la bicicleta’ o “Vichi Malo”. (PNH)-(I)
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