Tristeza, nostalgia, jubilo, orgullo se atropellan en el alma de los cuencanos de cepa, que por generaciones venimos cuidándola y respetándola como la sentimos, la más bella ciudad del Ecuador y Sudamérica, tan solo compitiendo con Cuzco. Nos han colocado en los diez primeros lugares de belleza ciudadana del mundo y cada esquina es una joya a contemplarse tanto por enamorados ojos de nativos, como de visitantes que no pueden dejar de maravillarse, tal cual se produce con el encuentro de una mujer hermosa que llega en nuestra ruta.
Lo que es muy importante concientizar al que no lo entiende, es que no podemos detenernos. La vida continúa, Vienen otras almas y muchas en reemplazo de los viejos que nos vamos y requieren de comodidades y de opciones de vida según su propio peculio y gana. El recuerdo de la antigua ciudad, hoy conocida como patrimonio histórico, me viene a la mente. Calles en damero adoquinadas con piedras del gran Cojitambo, con casas esplendidas de balcones con geranios policromos y un componente inigualable, cual fue el del silencio y el respeto entre los ciudadanos, que se conocían de ancestro y de nombre. Contados automóviles de personajes muy ricos del momento, circulaban con la parsimonia de la paz y el tiempo quieto. Muy conocidos no más de una decena de dueños de esos autos, en manos de un chofer a leguas cholo, merodeaban recibiendo la venia de los pocos transeúntes, no así como en la inauguración del mall, donde miles de autos de todo tipo y gama, fueron atiborrados en inmensos parqueaderos y planicies construidas para el objeto.
Hoy viene ya la gran metrópoli y esta bien, pues es imposible detenerla. Lo importante es que se mantengan en nuestras vidas, opciones para cada quien y clases sociales imposibles de soslayar. Yo mismo compro en los mercados ciudadanos, cosas que ni de suerte se encuentran en los supermercados. Llapingachos, horneado y cascaritas, morcillas blancas y negras y un sin número de otros potajes ancestrales, por nombrar unos pocos, que en el mall no hay ni sus fotografías, mientras que, en el gran y elegante escaparate de miles de metros cuadrados, disfrutamos, cuando no compramos, productos internacionales de gran calidad y están también, chucherías chinas. Marcas internacionales reconocidas, que exhibidas nos regalan la posibilidad de sentirnos en NY o Miami y por qué no, en Europa.
El secreto está en mantener a raja tabla el centro histórico, para lo cual el municipio tiene mano dura ante infracciones y que entendamos que las dos opciones, ambas bellas, se tienen que dar. Somos metrópoli internacional con corazón cálido de historia. (O)










