A diario los noticiarios informan de las altas cifras de accidentes que ocurren con la frecuencia de la absoluta irresponsabilidad en la conducción de vehículos. Está presente el alcohol en los conductores y en otros casos el uso de sustancias prohibidas. También la imprudencia con la que conducen sportman y profesionales, utilizando carriles equivocados y exceso de velocidad, irrespeto a señalética de tránsito, además total desconocimiento de leyes de tránsito, parquean en lugares prohibidos y sí se controlan sus credenciales, nos encontraríamos con sorpresas por ser documentos comprados, de tal suerte que su propietario no puede conocer sobre esta profesión ni actuar con respeto por los pasajeros y sus vidas.
La vialidad también es cómplice de esta crisis mortal, en el austro y muy particularmente en Azuay, las vías son de pésima calidad y ponen en serio riesgo a los usuarios, incrementando tiempos de viaje, deterioro de los automotores y alto riesgo de muerte.
Las cifras presentadas por el Banco Mundial son realmente alarmantes, el costo total por estos hechos alcanza la cifra de $ 5.480 millones, desglosados así: lesiones graves: $ 2.170 millones, muertes: $ 1.690 millones, lesiones leves: $ 990 millones y daños materiales: $ 630 millones.
Es importante citar que las familias afectadas sufren una crítica merma de ingresos que les ocasiona problemas drásticos en su diario vivir. Las víctimas más agredidas son peatones, ciclistas y motociclistas en 53 accidentes diarios que producen 6 fallecidos.
Debo recalcar que, sin el aporte de los conductores en respetar velocidades permitidas, señaléticas de tránsito y conducción responsable en todo sentido, no se podrá disminuir estas mortales cifras. En Azuay, con la supresión de los sensores de velocidad, creo no hemos ganado nada, los conductores violan los 90 km/h a 120 y 140 km/h, muchas veces circulan vehículos sin placa de identificación y brilla la ausencia de la institución llamada a controlar estos aspectos de vital importancia. La tasa de mortalidad de 23 muertes por cada 100.000 habitantes, es casi 50% superior al promedio regional. No sé sí se pueda hacer eco de verdad a unos rótulos situados junto a los sensores de velocidad inactivados, con un texto que cita, “un ahorro de millones a los cuencanos sin radares”. (O)









