La democracia se fortalece cuando las disputas políticas se resuelven en las urnas y se debilita cuando las decisiones judiciales terminan definiendo aquello que debería resolver la ciudadanía. El caso de Cristian Zamora deja precisamente esa sensación. Más allá de las consideraciones jurídicas del proceso, la consecuencia política es evidente: el alcalde de Cuenca queda fuera de la papeleta electoral sin que los electores hayan tenido la posibilidad de premiar o castigar su gestión. En una ciudad donde la reelección históricamente ha sido difícil, esta vez ni siquiera existirá la opción de intentarla.
Las primeras reacciones muestran un escenario distinto al que muchos anticipaban. Zamora va a concluir este episodio con una gestión asociada a obras emblemáticas ejecutadas en apenas cuatro años, como es el caso de los hospitales rurales como puntas de lanza en ese legado. Sus niveles de aprobación, según distintas mediciones, se mantienen entre los más altos registrados por una autoridad local en los últimos tiempos. A ello se suma una creciente visibilidad nacional construida a partir de sus posiciones críticas frente al Gobierno, de su discurso ambientalista y de una capacidad poco común para conectar con una ciudadanía tan exigente y diversa como la cuencana. La sanción lo excluye de la contienda, pero no necesariamente del escenario político.
Ese capital político adquiere ahora un valor estratégico. La decisión sobre a quién respaldará para dar continuidad a su proyecto de ciudad podría convertirse en uno de los factores más influyentes de la próxima campaña electoral. Quien reciba ese apoyo no heredará únicamente una estructura política o un equipo de trabajo, sino también la posibilidad de representar la continuidad de una administración que deja expectativas elevadas y un legado que inevitablemente servirá como punto de comparación para quienes aspiren a sucederlo.
Dependiendo de cómo administre este momento, Zamora podría transformar una derrota jurídica en una oportunidad política de mayor alcance. Para muchos de sus simpatizantes, no fue derrotado en las urnas sino apartado de ellas. Cuando una figura logra instalarse en la opinión pública bajo esa narrativa, las consecuencias suelen trascender el ámbito local. La pregunta ya no es únicamente quién ocupará el Municipio de Cuenca, sino cuál será el siguiente capítulo político de un actor que, paradójicamente, podría salir de este proceso con mayor reconocimiento nacional que antes de él. (O)
@avilanieto




