Cooperemos con lo inevitable

Ante situaciones trágicas tenemos dos opciones, la primera es aceptar que haya sido así, olvidarnos de la situación y acostumbrarnos a vivir en su compañía. La otra conducta es llenarnos de amargura, protestando por lo que es inevitable y terminar con los nervios desechos. 

Cuenta la historia que Earl P. Hanney padeció de úlceras duodenales. Médicos y especialistas concluyeron que su caso era incurable. Le dijeron que tenga calma y que hiciera su testamento. Se vio obligado a olvidar su trabajo, y esperar su muerte. 

Analizó su situación, la aceptó y luego tomó la decisión de llevar a cabo su soñado sueño: dar la vuelta al mundo, y partió. Durante su largo viaje se olvidó de su enfermedad y se divirtió a plenitud. Cuando llegó a la India “comprendido que las zozobras que había padecido a causa de los negocios eran un paraíso comparado con la pobreza y la miseria del Oriente”. Acabó por completo sus insensatas preocupaciones, se sintió de lo mejor y volvió a su trabajo muy motivado. Es asombroso aceptar cualquier situación desagradable.

No es una desdicha ser cojo o perder una mano, sino ser capaz de aceptar el mal. John Milton cuando fue empleado público en Inglaterra se quedó ciego; al principio se desesperó, luego decidió hacer uso el antiguo principio que dice: “es así, no puede ser de otra manera”. Se propuso sacar beneficio de su cerebro y memoria; fue componiendo y dictando a su esposa e hijos su novela EL PARAÍSO PERDIDO que, con el tiempo hizo célebre a su actor. Fue el caso de un hombre que en vez de lamentar por su desgracia decidió sacar beneficio de sus males.

“Si tu mal tiene remedio ¿Por qué te quejas? Si no lo tiene, ¿Por qué te quejas?” (O)

Lcd. Ángel Gabriel Guazha Hermina

Lcd. Ángel Gabriel Guazha Hermina

Docente de educación