Juan Pablo Ordóñez analiza la cultura en Ecuador, la crisis institucional, Bienal de Cuenca y el futuro del arte

Bienal de Cuenca y cultura en Ecuador
El artista y curador Juan Pablo Ordóñez reflexiona sobre el rumbo de las instituciones culturales en el país durante una entrevista con El Mercurio. / Xavier Caivinagua A.

Artista, curador, museógrafo e investigador, Juan Pablo Ordóñez analiza el presente de la cultura en Ecuador. Además, cuestiona el rumbo de las principales instituciones del sector y plantea la necesidad de recuperar su capacidad crítica en un contexto de recortes presupuestarios y cambios políticos.

– Usted ha transitado por distintos roles: artista, curador, gestor cultural, museógrafo y activista. ¿Cuál de esas facetas considera que ha tenido mayor impacto en la transformación cultural del país?

Aunque no inicias tu trabajo artístico planteándote crear un impacto que transforme la vida cultural del país, siento que el mío, como artista, ha tenido una relevancia en comunidades —urbanas y ancestrales, la migrante, etc.—. El impacto es difícilmente medible a corto o mediano plazo; sin embargo el tiempo pone las cosas en su lugar.

Sé, sí, que proyectos como el Archivo de la Memoria Audiovisual de la Migración Ecuatoriana (AMAME, 2008), del que soy co-creador, ha permitido comprender cómo ese momento migratorio (1976-2005) transformó el Ecuador de entonces. Además, ha condicionado el de ahora.

El archivo de videocartas de Ñukanchik People se ha convertido en una referencia internacional. Ha sido parte de más de una docena de tesis doctorales y de maestría, de proyectos culturales, activistas y artísticos en diferentes países. Es decir, ha logrado situar el punto de vista de las personas migrantes y sus familias, en el foco de la discusión.

En 2007 ganó la Bienal de Cuenca, ¿qué cambió realmente en su carrera y qué no cambió a pesar de ese logro?

Ganar la Bienal de Cuenca abre puertas, pero un premio no hace a un artista. El reconocimiento lo da la gente y las comunidades a las que se debe.


La Bienal no cuenta con una estructura que sostenga un proceso de fortalecimiento y seguimiento de los artistas cuencanos o ecuatorianos. Es casi paradójico que este premio no me haya servido para tener una exposición individual en Cuenca. Además, tampoco ha sido útil para que se escriba sobre mi trabajo aquí, cosa que sí pasó, por ejemplo, en Nueva York.

Desde su experiencia ¿cuál considera que es hoy el principal problema de la CCE- Azuay?

Desde mi campo específico —las artes visuales, investigación y desarrollo expositivo— es claro que la CCE-Azuay ha perdido su incidencia. En la última década se borraron los proyectos con más proyección que tenía la institución en este campo. Serví por un año como Director de Espacios Expositivos (2016) en la institución. Creamos la Galería Vitrina, que se mantiene parcialmente, e iniciamos la transformación de la Galería Proceso hacia un centro para la investigación, debate y exposición de la cultura contemporánea.

Lejos de ser elitista o reduccionista, se buscaba abrir caminos frente a los retos actuales de la cultura. Aún hoy me encuentro con indoristas entrañables como “La Mugre” Vázquez quien me recuerda lo mucho que marcó la muestra “Índor puertas adentro” en la ciudad. Es importante señalar que reconoció las deudas que tienen las instituciones con la ciudadanía y la cultura popular. Fue un proyecto expositivo sin antecedentes en el país, y es históricamente la exposición más visitada y recordada de lo que fue la “Sala Proceso”.

Juan Pablo Ordóñez cuestiona la falta de seguimiento institucional tras premios como la Bienal de Cuenca y señala la necesidad de fortalecer el vínculo entre la cultura y la ciudadanía. / Xavier Caivinagua A.

Usted ha sostenido que el debilitamiento de las instituciones culturales no es un fenómeno aislado del Ecuador…

La inversión pública en cultura en buena parte del mundo es millonaria y cumple un rol estratégico. La cultura es y tiene que ser un espacio incómodo para el poder, un espacio crítico que nutre las diversidades, construye y consolida identidades.

Las extremas derechas, cada vez más presentes en Latinoamérica y el mundo, lo saben y su reacción es unánime: recorte drástico de recursos privilegiando apenas los modelos útiles para su proyecto. Pasó en Brasil y Argentina en su momento, y hoy pasa en Ecuador.


La Casa de la Cultura nació en 1944 para reconstruir el tejido social tras una crisis nacional. Me pregunto cuáles son hoy los objetivos y la visión de las instituciones culturales.

La Bienal de Cuenca se acerca a sus cuarenta años: ¿Es aún una institución capaz de marcar agenda o corre el riesgo de convertirse en un evento que dialoga más consigo mismo que con la sociedad?

El modelo bienal y sus representaciones están en crisis en el mundo. En Cuenca, a pesar de sus diecisiete ediciones , no ha llegado a su madurez, ni ha logrado consolidar un modelo que responda a su propia realidad.


No logré asistir personalmente a las últimas bienales, pero concuerdo con usted en que la última se convirtió en un monólogo. La Bienal se ha fetichizado y ha resuelto que el tema más importante, a pesar de la coyuntura actual, es hablar de los artistas, los curadores, de sí misma.

Un juego autorreferencial y endogámico. Una bienal debería ser una verdadera ventana hacia el mundo, un pulso que marcar el latido social, experimentar con lo más actual del pensamiento y del arte; y creo que eso no está pasando. Por eso, el relevo de su dirección es importante, para garantizar un aprendizaje contínuo como institución, al tiempo que se apuntala el fortalecimiento de sus estructuras y proyecto institucional.

Desde sus múltiples roles, ¿cuál es el aporte que quisiera hacer en los próximos diez años?

Vivimos un periodo de profundos cambios políticos e incertidumbre, pero también de oportunidades para crear e imaginar nuevos caminos. Como plantea David Barzallo en 60 instrucciones para acabar, de una vez por todas, con el Ecuador que conocemos: “Caminar por las ciudades del país sin rumbo fijo / hasta el momento y lugar exactos / donde la vida corra peligro inminente de exterminio / fundar en ese preciso espacio un taller de poesía creativa / brindar a la violencia una razón elocuente”.


Me voy optimista por los proyectos en marcha y por la creación del colectivo Wapú, una iniciativa que fortalece la memoria, el territorio y la cultura de los pueblos amazónicos. Además, considero que la próxima década debe estar marcada por la creatividad, la memoria activa y el compromiso. (I)

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Diego Montalván

Diego Montalván

Editor general. Magíster en Comunicación Estratégica Digital, 21 años en medios impresos, especialista en edición periodística y autor de artículo científico en Media Education (Italia).