La alianza entre el Partido Socialista Ecuatoriano y Renovación, el movimiento vinculado con Cristian Zamora, introduce una primera señal de madurez en un escenario electoral que comenzaba a multiplicar candidaturas dentro de un mismo espacio político. Juan Cristóbal Lloret encabezará la fórmula para la Alcaldía de Cuenca y María Consuelo Orellana, quien inicialmente aspiraba a ese cargo, buscará la Prefectura del Azuay. No es un acuerdo menor: obliga a ceder posiciones, reorganizar aspiraciones y reconocer que la política también consiste en construir una posibilidad común antes que defender hasta el final cada interés particular.
La decisión de Renovación permite, además, identificar una línea de continuidad con la administración de Cristian Zamora. Lloret ha señalado que busca sostener los proyectos iniciados durante esa gestión y el respaldo del movimiento del alcalde suspendido le entrega una plataforma territorial que no puede ser subestimada. El acuerdo no elimina las diferencias entre sus integrantes, pero demuestra que han logrado identificar coincidencias que pueden tramitarse políticamente. Son acuerdos que guardan coherencia con lo que ha sido el trabajo entre Zamora y Lloret y que reconocen cualidades comunes que los electores podrían incoporar a la hora de tomar su decisión.
El siguiente paso corresponde al correísmo. La Revolución Ciudadana, impedida de participar con su propia lista, ha recurrido al movimiento Amigo, que ya proclamó al concejal Iván Abril como precandidato a la Alcaldía. Por ahora, ese espacio no forma parte de la coalición encabezada por Lloret, pese a que el prefecto ha sido una de las figuras más reconocidas de RC en el Azuay. De completarse una amplia alianza del progresismo que incluya además a Unidad Popular, este sería un gesto de madurez política y altura de miras que evitaría la fragmentación de un electorado que seguro encuentra entre esos cuadros más coincidencias que diferencias.
Cuenca y el Azuay pueden ofrecer nuevamente una lección a la política nacional. La defensa del agua, la protección del territorio frente al centralismo y las movilizaciones ciudadanas de los últimos años han construido una agenda que ha sido capaz de reunir sectores distintos alrededor de causas comunes. Esa experiencia debería trasladarse ahora al terreno electoral. Una alianza progresista amplia, programática y respetuosa de las identidades de sus integrantes no debe ser entendida como una repartición de candidaturas, sino como un ejercicio práctico de responsabilidad. (O)
@avilanieto







