En un país accidentado y poco entusiasta con su futuro, no cabe un silencio cómodo. Cómodo es mantenerse a un ladito, mirando, observando, criticando en la mesa del domingo. Esperando el desenlace. También es cómodo el «mientras a mí no me afecte», «mientras yo siga con mi negocio o trabajo».
El Ecuador atraviesa, hay que saberlo, varios problemas estructurales que rebasan la coyuntura de una semana de adjetivos y descalificaciones. De insultos, formol y escondidas.
Veamos. Las instituciones necesitan oxígeno; los funcionarios públicos, capacitación y depuración. La estructura informática y física de los servicios públicos requiere más que una «manito de gato». Falta visión y transformación. El diseño institucional habilita la ausencia de controles y la falta de independencia de órganos que están convocados a serlo, como garantía esencial para los derechos y libertades de la gente.
Hay delincuencia que no es cualquier delincuencia: es aquella que ha comprendido las debilidades de un sistema institucional en conflicto y bajo ataque por todos. Atacan por afuera los delincuentes a jueces; ahora también, alguna que otra autoridad, desde adentro, para anular su independencia y autonomía decisoria. La misma delincuencia ha entendido que no hace falta usar solo armas; ahora su mejor instrumento es el poder político.
Hay deficiencias —enormes— en los servicios de salud que imposibilitan una sociedad cohesionada y saludable. Viable. Si nos cae una pandemia o un fenómeno natural en estas condiciones, seamos serios: el Ecuador corre un riesgo gigante. Los funcionarios de jerarquía (visibles) no guardan las formas ni profundizan una cultura política más alta. Están en los debates bajitos, chiquitos, meridianos, agradando al TikTok y olvidando que deben agradar a la historia y al futuro de la Patria.
Así, no se puede mantener un silencio cómodo. No es cívico. Yo diría, no es humano. Hay que buscar y conducir al Ecuador con esfuerzo y entereza. En las comunidades e instituciones que nos correspondan. Con la virtud republicana. Si se quiere, con la fuerza de los principios y acciones que rebasan al diagnóstico, por encima del vértigo de la improvisación. (O)
@jchalco





