El 11 de septiembre de 2001 cambió la historia de Estados Unidos y del mundo. Los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono dejaron 2.977 víctimas mortales e iniciaron una etapa marcada por el miedo, el fortalecimiento de la seguridad y la denominada -guerra contra el terrorismo-. Sus secuelas incluyeron conflictos armados, controles migratorios más estrictos, restricciones de derechos y discriminación contra comunidades extranjeras.
América Latina también vivió sus consecuencias. Se endurecieron los requisitos de ingreso a Estados Unidos, aumentaron las deportaciones y la seguridad ganó importancia en la agenda regional. Para muchas familias, el 11-S no fue un hecho distante. Ecuador recuerda a los quince compatriotas que perdieron la vida en las Torres Gemelas: migrantes que habían partido con sueños de trabajo, progreso y bienestar. Su ausencia dejó hogares divididos entre dos países y un dolor que permanece en nuestra memoria.
A veinticinco años de la tragedia, recordar debe servir para defender la vida y la democracia. Ninguna causa política, religiosa o ideológica justifica el asesinato de inocentes. Los fundamentalismos niegan la dignidad del otro, alimentan el odio y destruyen la convivencia. Honrar a las víctimas exige rechazar el terrorismo y todo fanatismo, y construir la paz mediante la memoria, la justicia, el diálogo y el respeto. (O)
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